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Experiencias de vidas pasadas que están en el origen de la estructura oral

Hay dos tipos de experiencias de vidas pasadas que pueden anclar profundamente en el inconsciente el sistema de defensa de esta estructura:

1) De tipo material, es decir, carencia física de lo esencial para la vida, como haber pasado hambre, haber vivido en medio de una pobreza extrema, haber carecido de agua, no haber recibido cuidados durante una enfermedad, etc. Ese tipo de experiencias puede haber durado mucho tiempo y haber terminado con la muerte física. La carencia, vivida de modo cruel, ha tenido tiempo de instalarse en el inconsciente, y las células se acuerdan.

2) De tipo psicológico, es decir, pérdida o abandono que ha entrañado consecuencias graves para el resto de la vida. Puede tratarse de un abandono físico, que suele ir acompañado de una pérdida afectiva importante; o de un abandono psicológico, que, si entraña daños físicos, se marcará todavía más en el inconsciente.

 

Mure creció en el seno de una familia de buena posición. Al llegar a la edad adulta, se hizo ingeniero, fundamentalmente para tener más probabilidades de encontrar trabajo. Sin embargo, no necesitaba trabajar para ganarse la vida porque tenía más que suficiente con los ingresos regulares procedentes de los bienes familiares. A pesar de todo, se preocupaba mucho por el futuro. Imaginaba una y otra vez diversas situaciones catastróficas: que perdía su empleo, que se arruinaba, que enfermaba de gravedad, etc. La tensión interior era tan grande que empezaba a afectar seriamente su salud. Fue entonces cuando emprendió un camino de búsqueda interior. Tratando de conocer el origen de su inquietud, comprendió que lo que temía en realidad era encontrarse en un estado material tan desfavorecido que le causara la muerte. Ese temor, del todo irracional, lo llevó a buscar más lejos, y así fue como encontró la siguiente «historia» alojada en su inconsciente: «Marc» se ve en una ciudad de Oriente Medio, alrededor del siglo X. Es hijo de un rico mercader y vive en medio de la abundancia y del lujo. Pero un día el país es invadido por un ejército enemigo, que asalta su ciudad y matan a todos los habitantes que ofrecen resistencia. Marc, escondido en el sótano de la gran casa de su padre, oye los gritos de las personas que van muriendo a manos de los soldados, en particular los de algunos miembros de su familia. Un rato después ya no oye nada, pero no se atreve a salir. Se queda allí escondido hasta que lo acosa el hambre. Piensa salir por la noche para ir a buscar algo de comer. Es muy peligroso, porque, si lo cogen, sin duda lo matarán. Son unos días de gran angustia y de mucho estrés. Al final, una noche, sale, y al volver se da cuenta de que ya no puede entrar, porque en la puerta que da acceso al sótano hay dos soldados que, al parecer, se han instalado en la casa. Marc no ve más que una solución: marcharse de la ciudad e ir a un pueblo, situado a varias decenas de kilómetros, donde seguramente se han refugiado las personas de su familia que han escapado a la masacre. Sabe que tendrá que atravesar un desierto, pero no tiene elección. Se las arregla para coger agua suficiente y se pone en camino. Ha de desviarse a menudo de su ruta para evitar que lo vean algunas personas que se acercan a caballo, porque supone que son enemigos. Al cabo de unos días se da cuenta de que se ha perdido, hace mucho tiempo que tendría que haber llegado al pueblo. Ya no tiene nada para comer. Economiza cuanto puede el agua que le queda, pero el cansancio y la falta de alimento se hacen intolerables. Sigue caminando aún durante algunas horas, pero llega un momento en que se le acaba el agua. No hay ningún pueblo a la vista. Tiene hambre, tiene sed, y no puede avanzar ni un paso más. Está sufriendo terriblemente, y ha perdido la esperanza. Y muere en el desierto.

Marc llevaba todavía en sí la memoria de ese sufrimiento; la carencia que con tanta crueldad sentía en el cuerpo físico condicionaba su vida actual de forma irracional. Pero el inconsciente tiene su propia lógica...

La historia de Martine, que creyó haber sido abandonada por el hijo del molinero (espacios anteriores), es otro ejemplo de una experiencia de vida pasada que está en el origen de la estructura oral, en este caso, de abandono. Cuando el inconsciente lleva la carga de una de esas experiencias, el miedo a la carencia, al abandono o a la pérdida condiciona la vida cotidiana. Ocurre además que la energía almacenada en la memoria activa tiende a atraer unas condiciones en las que se reproduzcan el mismo tipo de situaciones, no sólo en la infancia, sino a lo largo de toda la vida. Si reconocemos que no existe el azar, vemos cómo nuestro destino viene modelado por determinado tipo de energía.

 

 

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