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LAS RELACIONES

La relación de pareja: CORAZÓN APLASTADO
«La vida es dura, sufro tanto... (por tu causa)».

Como la dinámica de la estructura maso es hacer que la vida resulte penosa, cuando uno está aprisionado en ella se las arregla para entrar en relación con un verdugo. Puede ser un verdugo auténtico, es decir, alguien que se conduce de forma perversa y violenta, o un falso verdugo, es decir, alguien que se comporta de forma normal, pero sobre quien proyectamos nuestros reproches y frustraciones para poder sufrir y tener alguien a quien culpar de nuestro sufrimiento. En general, en esta estructura, acusamos a los demás de aplastarnos, de abusar de nosotros, de hacernos daño, de impedirnos vivir.

Proyectamos así sobre la pareja esas memorias de explotación y de abuso con toda la agresividad, la frustración y el resentimiento, expresados o reprimidos, que llevamos en el interior. Ponemos de relieve la menor acción del otro para probar hasta qué punto nos hace desgraciados y demostrar hasta qué punto sufrimos con razón. Jugamos al heroísmo y al sacrificio; en definitiva nosotros somos maravillosos, mientras que el otro es un egoísta, un ingrato, de corazón duro, etc. En una pareja, el arma sutil o directa del maso es hacer que el otro se sienta culpable.


«Puesto que yo no tengo poder, nadie lo tendrá.»

La dinámica de hacer cometer errores al otro y que se sienta mal puede ser muy sutil. En una relación de pareja, la estructura maso, que sufre por haber perdido contacto con su propio poder, se conducirá de forma que quite poder al otro, abiertamente o, más a menudo, siendo muy sutil. Con frecuencia, los masos están enfermos; así tienen una buena razón para sufrir. Además, su enfermedad es una excelente razón para obligar al otro a ocuparse de este pobre ser que sufre tanto y, así, absorberle su energía. Si el compañero es del tipo salvador (que encontramos en la estructura maso y en la psicópata), entrará en el juego... durante algún tiempo, hasta el momento en que la situación resulte insoportable. Entonces se enfadará y, probablemente, se marchará. La pobre víctima se encontrará no sólo enferma, sino sola. ¡Qué ingrato destino! Hasta que su juego atraiga a otra persona, atrapada a su vez en sus propios mecanismos. Y así es como la estructura maso va quitando poder a todo el mundo. Es su dinámica fundamental: puesto que yo no tengo poder, nadie tendrá, y puesto que yo no tengo ninguna satisfacción en la vida, nadie tiene por qué tenerla tampoco...

En concreto, en la estructura maso-pasiva, basada fundamentalmente en el miedo, encontramos las siguientes pautas de comportamiento:

— Sumisión, docilidad, amabilidad, pasividad. La persona reprime profundamente su cólera. Ante un conflicto, se encerrará en el silencio y en el sufrimiento heroico. Si además tiene una estructura esquizo, le resultará fácil desaparecer en el sufrimiento. En todo caso, afrontará el conflicto mediante un sabotaje sutil.

— Tiene tanto miedo a expresarse con sinceridad que se niega a sí misma sus necesidades, no las comunica, y así tiene razón para reprochar al otro de forma indirecta no haberlas colmado, y continuar sufriendo. Tampoco comunica su frustración, y se hace la mártir.

— Haga lo que haga el otro, se siente pobre, desgraciada, abandonada, malquerida, aplastada, triste.

— El otro no tiene derecho a ser feliz (con o sin ella), sería un insulto a su sufrimiento.

— Manipula mediante la docilidad y la amabilidad, que se apoyan sobre una bomba de cólera y de resentimiento profundamente reprimidos, y culpabilizando al otro.

— El maso de ese tipo elegirá en general una pareja con la estructura psicópata o la rígida, que veremos después, y mejor si tienen además la estructura oral, porque esto hace de ellos unos auténticos expertos en el arte de la posesión y de la dominación: los perfectos verdugos.


En lo que concierne a la estructura maso-activa, encontramos las características siguientes:

— Está permanentemente descontento y malhumorado, y lo expresa abiertamente. La insatisfacción se presenta aquí desde la cólera (no desde la carencia, como en la estructura oral). Si se encuentran ambas estructuras superpuestas, tenemos entonces a alguien terriblemente frustrado, con carencia constante y siempre enfadado (la vida no tiene ninguna gracia...).

— Proyecta su cólera sobre su pareja echándole las culpas de todo, y también mediante la crítica y los reproches directos.

— Se siente dominado y manipulado por el otro; le reprocha que le impida vivir su vida y que no lo respete.

— Da salida a su agresividad en pequeñas dosis, en momentos muy bien elegidos, en especial cuando su pareja es más vulnerable.

— Manipula culpando al otro, y mediante la crítica y los reproches, en general abiertamente, esperando que el otro se sienta culpable o acabe por cambiar. Pero, aunque el otro cambiara según sus deseos, la insatisfacción seguiría estando ahí, porque no se trata del otro, sino de una memoria proyectada sobre el otro.

— Afronta los conflictos con ira, con reproches y echándole la culpa a su pareja.

— Puede ser muy violento.

 

En las relaciones con los demás (compañeros de trabajo, familia, amigos, etc.) la conducta del maso sigue la misma dinámica que la que rige las relaciones de pareja, por lo que la descripción anterior es muy válida.

Si la estructura es verdaderamente fuerte (activa o pasiva) y se impone a la dinámica del alma, la persona es incapaz de amar, proyecta sobre todo el mundo su negatividad, su frustración y sus miedos, en especial sobre las personas de su entorno próximo. Con lo que induce en ellos un comportamiento impaciente y agresivo, y entonces se refuerza su modelo: la gente es mala...

 

La relación con los hijos

Una persona atrapada en esta estructura proyectará con facilidad su frustración y su cólera sobre los más débiles, en especial sobre los niños. Los padres-víctimas se convierten fácilmente en verdugos. Sabemos que los padres que han sufrido malos tratos en su infancia, con frecuencia maltratan a sus hijos..., tal vez no física, pero sí verbalmente.

A la persona de tipo maso-pasiva le molesta la alegría y la vitalidad de los niños, que son un insulto a su sufrimiento. Hará todo lo posible por reprimirla, y tratará de encerrarlos en limitaciones y prohibiciones que no hacen sino reproducir el aplastamiento que ella misma ha sufrido.

El/la padre/madre maso utilizará al máximo la culpabilidad para manipular a sus hijos, lo que tiene funestas consecuencias. Los niños son muy sensibles a ese tipo de manipulaciones; si no tienen fortaleza suficiente para hacerles frente, pronto destruyen la confianza en sí mismos.

 

Las relaciones en el trabajo

Esta estructura es muy sensible al aspecto jerárquico. Si la persona trabaja como subalterno, nos es fácil imaginar las actitudes que tomará: aparente sumisión con rencor de fondo, cólera contra los jefes y compañeros, irresponsabilidad en su tarea, rebeldía apenas velada. Los dos aspectos de la estructura generan una gran resistencia a cualquier trabajo que se le pida, con un rechazo evidente a colaborar y a encontrar soluciones que pudieran funcionar. Es preciso que las cosas vayan mal.

Si la persona ocupa un puesto de responsabilidad, se las arreglará para poner las cosas difíciles a los que trabajen a sus órdenes. «Aquí no estamos para pasarlo bien...» Se quejará una y otra vez de la incompetencia de sus empleados, por supuesto. Será incapaz de dar poder a su equipo, puesto que ella misma ha perdido el suyo.

 

 

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