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El silencio

El que pretenda cruzar el umbral de la iniciación, no lo conseguirá sin haber aprendido antes el poder de la palabra y el poder del silencio.

Buscar el silencio... Estamos en una sociedad ruidosa, y el ruido dispersa la energía mental, quema la energía nerviosa, impide la concentración, y hace a las personas muy vulnerables. Practicar el silencio con regularidad, tomarse tiempo para hacerlo, es un buen alimento para el alma. El silencio exterior favorece el silencio interior.

Hay, en particular, una forma de silencio que proporciona mucha paz y contribuye al dominio de uno mismo: consiste en dominar las propias palabras. Es de importancia primordial saber para qué sirve la energía que uno gasta cuando habla. ¿Sirve a la intención del alma? ¿O la utiliza el ego en su propio beneficio? La mayoría de las palabras que se pronuncian en el mundo son, en efecto, expresión del ordenador incontrolado, expresión de una energía emocional inconsciente que trata así de descargarse. En general, sólo son expresión del ego. La gente se reúne para hablar, pero ¿de qué, exactamente? Se habla mucho, demasiado...

El silencio, que no es otra cosa que estar presentes a nuestro ser profundo, donde la dualidad ruido-silencio se disuelve en el principio de la fascinación, en la pérdida del yo, en ese amor que ya no necesita objeto para arder, es un estado de gracia.

Un buen ejercicio para algunas personas es pasar un día entero sin hablar de sí mismas ni de sus asuntos personales. Es cuando uno se da cuenta de hasta qué punto está mucho más centrado en sí mismo que en el servicio a los demás. Por encima de su significado racional, el raudal de nuestras palabras revela nuestro nivel de consciencia. Observar las propias palabras, tomar consciencia de las motivaciones reales que subyacen en ellas, es un ejercicio espiritual básico que ayuda a conocer la mente inferior y a dominarla. Antes de abrir los labios siempre debería uno preguntarse: ¿Para qué sirve lo que voy a decir? ¿Es útil? ¿O sólo voy a hablar como una cotorra? ¿Qué objetivo tienen mis palabras?

El que cuida sus palabras y sólo habla con un fin altruista, es decir, para transmitir la energía de Amor por medio de la palabra, sabrá vencer rápidamente las dificultades que se presentan a los que se preparan para la iniciación.

Esas buenas costumbres de la vida cotidiana, y otras muchas que uno puede crear espontáneamente, no son caras, y permiten mantener un nivel vibratorio elevado. Son esenciales en el mundo en que vivimos, que no apoya en absoluto semejante estado interior. En efecto, la sociedad actual activa nuestro aspecto emocional con todos los medios a su alcance, y tiende a bajar nuestra frecuencia vibratoria. Es muy importante saber que permanecer en contacto con la realidad del Ser exige un esfuerzo y una vigilancia de cada instante. Si uno quiere avanzar con seguridad por el camino del alma, tiene que hacer un esfuerzo consciente para salir de la hipnosis colectiva y elegir conscientemente sus actividades, aunque vayan en contra de lo que se hace «habitualmente». Cada uno debe elegir los medios prácticos que le convengan para reforzar su interior, y conseguir que haya cada vez más luz en sí mismo y a su alrededor.

La manifestación del Ser en cada uno de nosotros tiene las consecuencias positivas que ya hemos visto; aunque sea sólo un comienzo, estamos en camino hacia su plena manifestación. Pero la expresión de las cualidades del alma no sólo ilumina la propia vida sino que, en realidad, es la base de una transformación colectiva. La humanidad se encuentra hoy en día frente a grandes dificultades. ¿Cómo se integra el cambio de consciencia personal en la realidad del mundo actual?

 

 

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