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Una civilización repentina VI
Se dice que la guerra espolea al Hombre para que avance tanto en lo científico como en lo material, pero parece que en el antiguo Sumer fue la construcción de un templo lo que espoleó a la gente y a sus soberanos a alcanzar un mayor desarrollo tecnológico, comercial, de transportes, arquitectónico y organizativo. La capacidad para llevar a cabo tan importante obra de construcción de acuerdo con unos planes arquitectónicos preparados, para organizar y alimentar a una ingente masa de trabajadores, para allanar la tierra y elevar montículos para hacer ladrillos y transportar piedras, para traer metales extraños y otros materiales desde tan lejos, para fundir metales y dar forma a utensilios y ornamentos, nos habla de una importante civilización, ya en pleno esplendor en el tercer milenio a.C.
Aun con la maestría que implica la construcción de hasta los más antiguos templos sumerios, éstos no eran más que la punta del iceberg de las posibilidades y la riqueza de los logros materiales de la primera gran civilización que se conoce del Hombre.
Muchos registros escritos sumerios y mesopotámicos no necesariamente estaban relacionados con lo divino o lo espiritual, sino con cosas tan cotidianas como el registro de las cosechas, la medida de campos y el cálculo de precios. Ciertamente, no es posible alcanzar determinados grados de civilización sin un avance paralelo de las matemáticas.
Los 360 grados del círculo, el pie y sus 12 pulgadas, y la “docena” como unidad no son más que unos cuantos ejemplos de los vestigios de las matemáticas sumerias que todavía podemos ver en nuestra vida cotidiana. Sus logros paralelos en astronomía, en el establecimiento del calendario y en otras hazañas matemático-celestiales de similar calibre recibirán un estudio mucho más preciso en capítulos posteriores. |
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