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Las ancianas saborean lo positivo de la vida.

Si eres una mujer que ha disfrutado de la vida y a quien su consabida carga personal de sufrimiento humano no ha conseguido amargarte, con toda probabilidad te convertirás en una anciana sabia y experimentada; lo cual significa que serás capaz de saborear lo bueno que te ofrezca la vida. Es algo así como saber valorar la chispa diaria. Las mujeres maduras saben lo afortunadas que son al seguir vivas, teniendo en cuenta que la mayoría de la población mundial no supera los cincuenta y que muchas de sus amistades tampoco han llegado a cumplir muchos años más.

Saborear consiste en focalizar toda nuestra atención en una experiencia y comprenderla de verdad. Se trata de sentir gratitud por ese momento. Si eres una anciana con sensibilidad para apreciar la belleza de la naturaleza, quizá contemples un amanecer magnífico, o bien unos gansos volando en formación, recortándose contra el cielo azul, o incluso recojas una concha de la playa con forma perfecta y la exclamación que pronuncies al admirar eso estará teñida de agradecimiento. En otro orden de cosas, quizá oigas un concierto que sea una música tan profunda que resulta inaudible, pero es uno la música mientras perdura. También es posible saborear un delicado y añejo coñac y ser consciente tanto de la untuosidad del licor como de la dulzura del momento.

A pesar de que es cierto que alguien que jamás haya visto la belleza de la naturaleza de este modo, ni oído este tipo de música, ni siquiera bebido un coñac exquisito, también podría saborear cualquiera de estas experiencias, las ancianas captan ciertos momentos especiales de la vida porque saben lo singulares que son en el fondo. Sentimiento que se ve potenciado por la conciencia de lo fugaz y preciosa que es la vida, y por el hecho de mantener una actitud de gratitud.

La gratitud surge al ser consciente de la existencia de posibilidades alternativas y de un momento crucial. Las ancianas suspiran con un "gracias", por ejemplo, en el momento en que hubieran podido atropellar a un peatón al cual no habían visto, o bien al detenerse a tan sólo unos centímetros del coche que, de repente, ha frenado delante de ellas. Las ancianas se muestran agradecidas cuando el resultado de la mamografía ha salido bien, o ante el regalo inesperado de un nieto recien nacido y que está sano. Las mujeres maduras se sienten agradecidas de que todavía les funcione la cabeza, y de que el cuerpo les responda como es debido. Hay mañanas en las que las ancianas se despiertan dando las gracias por estar vivas. Han conocido tiempos duros, y días malos. También saben de momentos y de épocas mágicas en los que las cosas les salían redondas. Dotadas de la capacidad de valorar y de un gran amor por la vida, cuando las cosas van bien o algo delicioso ocurre, las ancianas lo saborean.

La gratitud es algo que conservamos en nuestro interior y que se manifiesta cuando algo en particular nos invita a hacerlo. La gratitud es una práctica espiritual maravillosa, de hecho. Cada vez que dejamos escapar un “¡ohhh!” de admiración, o saboreamos un momento determinado, surge de nuestra alma el sentimiento de dar las gracias por estar vivas, sentimiento que inunda nuestro corazón. Sí, tiene que ver con la belleza de contemplar los gansos volando en lo alto, pero es mucho más: es dar las gracias a los gansos, a la naturaleza y al creador. Diría más, incluso: es dar las gracias por encontrarnos en el momento presente, por saber que ocupamos un lugar en el universo. Sí, consiste en estar presente en este concierto en particular, y más aún: es la gratitud que surge de saber apreciar que una música como ésta pudo ser compuesta y tocada, y saber que además puedo escucharla. Vayamos más lejos, si cabe; es la gratitud por algo que existe y está más allá de las palabras: una comunión.

Así como un experto en vinos tiene que haber educado sus papilas gustativas, contar con una larga experiencia probando vinos y haber adquirido muchísimos conocimientos sobre la materia antes de convertirse en un especialista, lo mismo puede decirse de cualquier persona que se considere experta en algo. En primer lugar, se comienza, por lo general, amando aquello en concreto.

Las ancianas son expertas en reconocer los buenos momentos que nos ofrece la vida.
 

 

 

 

 

 

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