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Para la formación de las
sociedades secretas, tenemos que tener presente que son imprescindibles tres
elementos: el secreto propiamente dicho, la discriminación y el juramento.
El secreto en el ser humano es una necesidad imperiosa. El individuo
evoluciona alrededor de él, nace y crece junto a él, adquiriendo inesperadas
y diversas características con relación al modo en que reacciona su
poseedor. Si bien es cierto que para el ser humano el secreto es la mayoría
de las veces una manera de confirmar su identidad, no es menos cierto que,
llevado a casos límite, llega indefectiblemente a ser un caso patológico.
¿Por qué en la vida, tanto individual como social, llega el secreto a ser
necesario? Porque es indudable que está realizando una función trascendente.
Si consideramos toda la historia de la humanidad, observaremos que nunca le
han faltado grupos aislados de esa misma sociedad que, para realizar o
llevar a cabo unos fines concretos, se han asentado en el secreto. Y es que
por su misma naturaleza de asociación secreta les es imprescindible para
subsistir y realizarse dentro de la sociedad general, ya que de otra forma
el secreto no tendría razón de ser. En conclusión, para la existencia de una
sociedad o grupo secreto, es imprescindible el que tenga algo que ocultar,
pero aún mucho más importante, la necesidad de que exista a quien
ocultárselo.
Como derivación de todo esto vemos que en realidad se trata de asumir una
posición netamente separatista, pero no por ello permanecer en un
aislamiento absoluto, que llevaría el apartarse por completo de esa sociedad
en la que se vive, formando una comunidad que haría imposible la complicidad
común, de la que tan necesaria es cualquier sociedad secreta, ya que al
alejarse para aislarse por completo de aquellos que desconocen el secreto,
es evidente que éste, como tal secreto, dejaría de existir. Entramos aquí en
otro considerando, al que se llegaría si esa deserción de la sociedad fuera
absoluta; y es que entonces se plantearía esa actitud como una renuncia a la
sociedad general, de la que tanto necesita para mantener su carácter de
sociedad secreta. Por otra parte, la ruptura siempre es parcial, porque los
componentes de esa agrupación secreta en otras facetas de su existencia
tienen que mantener un intercambio con la macrosociedad de la que en parte
se marginan.
Decíamos que otra de las condiciones elementales de una sociedad secreta era
la discriminación. A poco que hagamos un examen simple de una de estas
sociedades secretas veremos que la discriminación se da por hecho. Lo único
que en realidad varía de una a otra de estas sociedades es precisamente el
objeto a discriminar. Las discriminaciones, o en su caso la selectividad, se
funda a veces en cuestiones morales; otras en principios religiosos,
sociales, intelectivos e incluso en razones económicas.
Ejemplos nos sobrarían para abundar en esta exposición; nos basta aquí citar
solamente una sociedad secreta de nuestros días, como es el Opus, que funda
su discriminación o selectividad en el valor intelectual o de rendimiento
del individuo; o la francmasonería, que sólo admite como miembros a los
recomendados de sus mismos afiliados, después de un exhaustivo examen ante
un tribunal especial; o, en fin, Ku-Klus-Klan, cuyo requisito primordial es
el racismo, y su finalidad la eliminación de negros o judíos e incluso de
todos aquellos seres que no son de su raza y residen en sus territorios.
Hay otros grupos que, constituidos en sociedad secreta, lo hacen como
dedicación a una meta que no es del común interés de la sociedad en que
viven, sino exclusivamente de algunos individuos en general. Ejemplos de
ello serían los rosacruces, cuya misión es desentrañar ese misterio de la
naturaleza del hombre mediante el conocimiento y el estudio de la teosofía y
de los poderes mentales.
El último de los tres elementos de que hablábamos al principio, como
constitutivos fundamentales de las sociedades secretas, es el juramento.
Éste es el procedimiento más corriente, la creación de un compromiso firmado
por una serie de juramentos que pueden llegar incluso a lo cruento y
macabro, para mantener precisamente la identidad del secreto en el más
absoluto silencio o desconocimiento para la gran sociedad.
El
verdadero buscador de la verdad no suele pertenecer a ningún grupo
exclusivo.
En el momento en el que un individuo se inscribe en una sociedad y acata sus
normas pierde lo más preciado... su libertad. Esta desdichada persona
ofrece su libertad a cambio de obtener un determinado conocimiento y ciertas
ventajas y prerrogativas. Sin embargo, esto es simplemente un burdo
intercambio comercial en el que el hombre pierde su bien supremo, la
libertad. Así se aleja del camino de la Luz.
El hombre superior sabe que cuando los oídos están preparados vienen los
labios para llenarlos con conocimiento espiritual. Pero, estos labios y este
corazón que se acerca, cuando realmente pertenecen a la Red de la Luz, jamás
piden nada a cambio por el conocimiento que ofrecen, ni a título personal ni
por el bien de ninguna organización. Lo único que piden, en todo caso, es un
uso apropiado del poder que ofrece. Debemos tener muy presente que en toda
verdadera relación espiritual salen siempre reforzados el conocimiento, el
discernimiento y la libertad.
Estas organizaciones se desenvuelven –actúan, crecen y se extienden- en la
sociedad, por eso debemos tener también en cuenta los deseos y los intereses
políticos, económicos y de todo tipo que tienen sus integrantes, sobre todo
los que componen la cúpula de estas sociedades.
Uno siempre debe ser consciente de donde se encuentra, de lo que es y de lo
que hace. Y, desde luego, los componentes de la Página de la Vida no
pertenecemos a ninguna organización o sociedad secreta o iniciática.

En este espacio intentamos mostrar un ramillete de algunas de las
principales Sociedades Secretas que han existido a lo largo de la Historia y
que existen en la actualidad. Es una pequeña muestra de esos poderes ocultos
que siempre han existido, existen y seguirán existiendo.
Puede parecer que estas organizaciones son frutos de otras épocas, que nada
tiene que ver con nuestra realidad cotidiana. Sin embargo, están más cerca
de nosotros de lo que nos imaginamos. Esa imperceptible línea invisible que
sutilmente separa lo secreto de lo discreto y lo discreto de lo público, es
demasiadas veces indemostrable hasta que con perspectiva histórica puede
analizarse sin pasión y con absoluta objetividad.
Si reflexionas sobre la poca diferencia que existe en sus ideas o modos de
actuar entre Ben Laden y sus sicarios con el Viejo de la Montaña y sus
ashashins, entre los Templarios y otras organizaciones actuales, surgirá la nítida
visión de la realidad, sólo es cuestión de tiempo. |
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