|
Meditación.
Se trata de un Dios enormemente próximo, es el Dios que hace que nuestro corazón funcione, es el Dios que nos hace respirar, que nos hace sonreír, que nos hace vivir a cada instante de nuestra vida; es entonces cuando vamos reconociendo que Dios es realmente el centro de cada instante en nuestra existencia, y eso realmente nos transforma, porque, a medida que uno lo va cultivando, conduce a sentirse cada vez más unido a ese Dios, a sentirse más cerca, más próximo, más uno mismo con Él. Y, a medida que uno se acerca a Dios, o que uno permite que Dios se exprese de un modo más directo y consciente dentro de uno, entonces los estados negativos desaparecen de un modo instantáneo. El estado negativo no es algo que hay qué eliminar; solamente hay que dejar que lo positivo aparezca y se exprese, de la misma manera que la oscuridad no es algo que hay que sacar, sino que tan sólo hay que permitir que entre la luz, y, así, la oscuridad desaparece, porque la oscuridad nunca fue nada. Asimismo, los estados negativos nunca han sido nada, son meros fantasmas en nuestra mente, fantasías que tomamos por realidades absolutas y que, por este motivo, nos asustan. Ello es debido a que nos hemos desconectado de lo que es nuestro eje central, de lo que es nuestro ser de verdad, este ser que está siendo constantemente manifestado, expresado, exclamado por Dios, este ser que participa de esa naturaleza divina, y, por lo tanto, es en sí absolutamente, totalmente, íntegramente positivo. En nuestro ser no hay absolutamente nada donde pueda entrar el temor, la inseguridad, la angustia, el miedo. Todo esto son productos de nuestra mente. Por el hecho de que esa realidad profunda ha quedado detenida, nos hemos puesto a pensar en otras cosas y las hemos vivido, las hemos experimentado, las hemos nutrido con nuestra única realidad. Y, como en uno hay esa exigencia de Dios, que quiere expresarse de un modo más directo, entonces uno se encuentra inadecuado con su modo de sentir habitual, con el modo de hacer, y esa contradicción entre Dios que quiere expresarse de un modo directo y ese modo particular propio de construirme a mí mismo, por el cual uno se ha identificado con las cosas del mundo -y que también es Dios, de un modo más indirecto- esa contradicción, esa contraposición es lo que produce aparentemente esos estados negativos. Así pues, debemos meditar, para que nuestra mente sepa de un modo real y profundo, es decir, no para que uno sepa, sino para que se instale esa verdad y uno la perciba de un modo real. Insistimos sobre esto, porque hay muchas personas que creen que, cuando ya entienden una cosa, no es necesario proseguir el trabajo mental. La mente ha de penetrar dentro de las verdades, si queremos que esas verdades puedan penetrar dentro de nuestra vida diaria. Y este trabajo de penetración requiere meses de práctica asidua, para entrar más y más, aunque a uno le parezca que ya no hay absolutamente nada más que ver y comprender. |
|
|
|