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LA UTILIZACIÓN DE LA ENERGÍA DEL ORGASMO

La base del deseo sexual y de su efímera satisfacción es el éxtasis del orgasmo, la más intensa experiencia que se pueda tener. En ese momento uno experimenta la unión con el amado. No existe la separación, no existe el "yo" como parte separada del "tú". En ese momento alcanzamos un estado en el que se realiza la unión entre la conciencia individual y la cósmica. Oleada tras oleada de amor y paz se infunden en la conciencia. El ego, siempre anhelando, se funde con el flujo de la energía cósmica al ser sumergido en su eterno e intenso placer.

Esta experiencia está al alcance de todos, y para muchos será la única experiencia mística que jamás tendrán. Esta visión momentánea deja al ser humano con una profunda ansia de repe­tirla, no solamente por la satisfacción sexual que le aporta, sino por la ver­dad que le revela, porque en ese momento recuerda lo que realmente es.

Con el conocimiento adecuado se puede extender el climax a lo largo de muchos minutos. Existe un sistema de técnicas que sirven para prolongar el orgasmo, de manera que se llegue a experi­mentar la Conciencia Unitaria. El estado de iluminación ha sido descrito como un orgasmo permanente. Una vez que se aprende a alcanzar este estado de meditación, el sexo no resul­ta ya una necesidad imperiosa.

En el orgasmo se está unido con uno mismo, con la pare­ja, con toda la creación, con Dios. No existe el tiempo, ni el pasado ni el futuro, sólo una presencia total en el eterno ahora. La respiración se calma y la mente se vacía. Y de este vacío nos llega un profundo amor, el gozo divino y la gracia iluminadora.

 

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