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LA TEMPLANZA

Carta número XIV.


La carta nos había de una paz y una tranquilidad reflejados en el semblante de un gran ángel que sostiene dos cántaros de los que fluye continuamente agua. La palabra clave es fluir.

Cada uno de nosotros es un canal. Tú eres un transmisor de energía humana y divina. Recoges energía de dios, del universo, que transformas para tu vida humana y recoges energía humana para enviársela a dios, al universo. O lo que es lo mismo, interconectas tu cuerpo y espíritu para que entre ellos pueda fluir la energía necesaria para vivir, para que las cosas funcionen bien, para tener fuerzas necesarias para emprender algo, para trabajar, para estudiar, para meditar, para trascender, para evolucionar.

Eso es lo que significan esas dos copas que sostienen el ángel. El agua que hay en ellas fluye sin cesar de una copa a otra. Todo está en continuo movimiento, nada de la energía que consigues te queda estancada en el cuerpo, O al menos así debería ser, uno de los grandes males del ser humano es su falta de fluidez energética.

Es decir, nos cuesta mucho dejar a la vida hacer, dejar partir las angustias, o no aferramos demasiado a alguna cosa o sentimiento. Esto provoca que el flujo de energía que por naturaleza nos mantendría en la perfección y por tanto libres de todo problema se vea contaminado o coartado por el ego, por nuestra razón que nunca quiere perder protagonismo. Así actuamos como una válvula de regulación que le impide el paso a lo mejor de nosotros mismos, a nuestra esencia.

Nuestro Yo Soy quiere ayudarnos a ser mejores, a que crezcamos interiormente, pero no puede hacerlo si le impedimos el paso o no le dejamos participar de nuestra energía. Por ello hay que estar muy atentos y saber reconocer en qué lugar estamos cerrando las puertas a nuestra evolución sin darnos cuenta y porqué. He de decir que generalmente el miedo en este caso como siempre es nuestro peor enemigo.

 


EJERCICIO:

Para que experimentes la fluidez de tu cuerpo y de tu espíritu. Si te resulta más cómodo utiliza una música que te inspire, que te conecte. Si no utilizas música es necesario que estés muy relajado, que tu mente esté quieta y tranquila. En ambos casos lo que importa es que no estés pensando en mil y una cosa mientras haces el ejercicio.

Con tu libreta personal delante y un bolígrafo en la mano vas a escribir todo tipo de palabras que sientas que te representan en ese momento. Haz dos columnas una donde situarás todo lo relacionado a tu espíritu y otra donde pondrás todo lo relacionado con tu cuerpo. No utilices la razón, ni la mente, no intentes ningún análisis.

Se trata de que las palabras fluyan a tu mano y de ahí a la columna donde sientas que debes escribirla. Por ejemplo, pueden venirte palabras como Paz, Depresión, Inquietud, Energía, Bloqueo. Amor...

En fin, todo lo que fluya en ese momento. Lo fundamental es que identifiques la sensación, que no se te olvide. Pues poco a poco tendrás que ir llevándola a todos los aspectos de tu vida. Practícalo tantas veces como quieras, y si eres capaz incluye las variantes que te parezcan convenientes.

 

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