La Página de la Vida / www.proyectopv.org Página Principal

   Recibe tu Boletín            Vídeos             Libros, presentaciones, posts...

 
   
 
 
 
 
Búsqueda personalizada
 
 

 
 

 

Paseando por las cumbres.


El curso de la naturaleza y del hombre
no es de mi incumbencia.
No desdeño la fe
en la inmortalidad,
ni a los sacerdotes taoístas
que buscan ese objetivo;
pero, si me preguntaran
cuál es la mejor manera
de cultivar el Tao,
diría: “Desarrolla la mente
y cuida bien el cuerpo”.

Paseando por las cumbres,
abierta la mirada peregrina,
el universo parece inmenso,
sus habitantes, sin número.
Pero, ¡ay!, son sólo unos pocos
los que consiguen el auténtico objetivo.

Para los que saben el secreto,
“no existe una sola cosa”. (1)
Aprenden a abandonarlo todo
y a practicar la sencilla quietud.
Cerrando sus puertas al amanecer,
leen hasta la caída de la tarde,
barren el suelo y encienden
un pedazo de fragante incienso.
Todo el día luchan con
seis ladrones llamados sentidos
hasta que comprenden que figuras y formas
son totalmente vacías,
luego despiertan a la verdad
de que “no existe una sola cosa”,
de que el “espejo mágico”
existe sólo en la mente. (2)
Cuando se corta la reacción de los sentidos,
sigue la autotransformación.
Entonces se muestra la quietud
y se comprende que la forma es el vacío. (3)
“El Buda es tu mente;
tu mente es el Buda”,
las montañas verdes son nubes blancas
en incesante transformación.

Desecha tu jade y tu oro;
es mejor que olvides tal escoria.
La flor de primavera y la escarcha del otoño
merecen más atención.
A los discípulos les gusta jactarse
de inmensa longevidad,
¡pero diez mil años de vida
pasan como un relámpago!

Cuando las flautas no paran de sonar
ante la torre de la grulla amarilla
y, todas a una, las flores veraniegas
engalanan la orilla del lago,
¿puede uno abandonar la tristeza
y extinguir el deseo?
¿Quién sino la brisa del verano
o la luna radiante lo podrá decir?

 



1. Alusión al clásico budista «Sutra del Diamante», que hace hincapié en el vacío esencial de los fenómenos.

2. En el clásico budista «Sutra del Sexto Patriarca», un monje compara la mente a un espejo que debe protegerse del polvo del mundo. El futuro sexto patriarca contesta que no hay espejo en el que pueda juntarse polvo, indicando que “espejo” y “polvo” implican una dualidad entre puro e impuro, mente (espejo) y objetos (polvo); cuando la verdad es que todo es mente y no existe dualidad.

3. Alusión a un pasaje del Sutra del Corazón: “La forma es vacío y el vacío es forma”.



Comentario.

Este, las “Estrofas” de Lü Yen, es otro poema relativamente largo que vale la pena presentar, a pesar de las enormes dificultades de traducción, pues expresan en verso lo esencial del cultivo del Tao. La sola palabra p'in es un buen ejemplo de esas dificultades. En general significa “pobre”, y también “sacerdote taoísta”, pero nos ha parecido necesario traducirla aquí por “los sacerdotes taoístas que buscan ese objetivo” —¡tantas sílabas para traducir una sola!

En algunos otros puntos hemos tenido que parafrasear casi con la misma abundancia a fin de sacar a luz el sentido completo. Además, hay un pasaje de cuatro versos que, desesperadamente, hemos tenido que omitir. Literalmente dice así: "Por la mañana él (¿o "uno", o "yo"?) se pasea por el mar del norte, por la tarde visita el árbol azul de wu. La hiel de la serpiente verde que lleva en su (¿”mi”?) manga produce sólo un tipo tosco de Chi. La esencia cumbre del yang, que embriaga tres veces, es prácticamente desconocida. Sus efectos superan el alborozo de volar sobre el lago Tung-t'ing”.

La idea general es que el meditador consumado, habiendo alcanzado el Tao, puede volar a voluntad en el mundo o por encima del mundo. La hiel de la serpiente verde es probablemente uno de los ingredientes usados por los sabios inferiores para confeccionar el elixir de oro. Aun así, se nos escapa el sentido de la totalidad del pasaje. El resto del poema, aunque no tan fascinante como los demás, está lleno de sabiduría.

Este poema nos revela el conocimiento que el autor tenía tanto del taoísmo como del budismo. Reconociendo el valor de los métodos de yoga empleados por muchos taoístas, él prefiere un enfoque totalmente espiritual: confía más en la mente que en la transmutación de la esencia, de la vitalidad y del espíritu. Se da cuenta de que las formas más elevadas de práctica taoísta —si se prescinde de la alquimia yóguica— son idénticas a los métodos del Ch'an (Zen), los cuales son el fruto del tantas veces llamado matrimonio entre el taoísmo y el budismo.

Ambos sistemas insisten en el vacío esencial de las cosas objetivas, en el sentido de que ninguna de ellas es permanente ni puede existir independientemente de otras cosas objetivas, siendo todas ellas análogas a las olas que aparecen en la superficie del océano y no tienen sino una identidad transitoria que pronto se funde en el océano que las produjo. Así como no hay diferencia real y duradera entre dos olas del mar, tampoco hay diferencia real entre los objetos, puesto que todos surgen de una “no-sustancia” universal conocida de distintos modos como mente o espíritu, y todos volvemos a ella.

Por todo eso, el poema está lleno de interés, pero al asestarnos las observaciones didácticas pierde algo del peculiar encanto que esperamos de los poemas taoístas.

 

 

 

Menú de este tema

Home