La superficialidad.
Justificamos esta actitud diciendo "por lo menos luchamos por algo mejor" y, cuanto más luchamos más superficiales somos. Esto es lo primero que tenemos que ver, y esta es una de las cosas más difíciles: ver lo que somos, reconocer que somos necios, frívolos, celosos, de miras estrechas. Si yo veo lo que soy, si lo reconozco, entonces por ahí puedo empezar. Sin ninguna duda es la mente superficial la que huye de lo que es, y no escapar requiere una ardua investigación, no ceder a la inercia. En el momento en que sé que soy superficial, ya hay un proceso de profundización, siempre que no haga nada con esa superficialidad. Si la mente dice: "soy mezquino; voy a examinarlo, voy a comprender la totalidad de esa mezquindad, de esa influencia limitativa", entonces existe una posibilidad de transformación. Pero la mente mezquina, que reconoce que lo es y trata de no serlo ya sea leyendo, reuniéndose con la gente, viajando, estando incesantemente activa como un mono, seguirá siendo una mente mezquina. La mente superficial jamás podrá conocer grandes profundidades. Puede tener abundancia de conocimientos, de información, puede repetir palabras. Pero si sabemos que somos superficiales, poco profundos, y observamos todas las actividades de la superficialidad sin juzgar, sin condenar, pronto veremos que lo superficial desaparece sin ninguna acción por nuestra parte. Pero eso requiere atención y paciencia, no el ansioso deseo de resultados, de éxito. Sólo la mente superficial desea conseguir resultados. Cuanto más claro percibamos todo este proceso, tanto mejor descubriremos las actividades de la mente; pero debemos observarla sin tratar de darles una finalidad, porque en cuanto persigamos un fin, nos veremos de nuevo atrapados en la dualidad del "yo" y del "no yo", con lo cual continuará el problema".
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