La sinceridad.
Para
muchas personas, la sinceridad, no significa tener en cuenta las palabras
“si es conveniente” y “a la persona idónea y en el momento
adecuado”. Para que la sinceridad tenga sentido no puede tratarse de una
comunicación al azar. La persona tiene que reconocer su propia realidad y
poseerla en cierto grado, para luego comunicarla, de acuerdo con su
discernimiento. Concretamente, la sinceridad debería ser gobernada por la
caridad y por la prudencia.
¿Alguna
vez has sentido la desilusión de descubrir la verdad?, ¿esa verdad que
descubre un engaño o una mentira?, seguramente que si; la incomodidad que
provoca el sentirnos defraudados, es una experiencia que nunca deseamos
volver al vivir, y a veces, nos impide volver a confiar en las personas, aún
sin ser las causantes de nuestras desilusión.
Pero
la sinceridad, como las demás virtudes, no es algo que debamos esperar en
los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser
dignos de confianza...
La
sinceridad es una virtud que caracteriza a las personas por la actitud
congruente que mantienen en todo momento, basada en la veracidad de sus
palabras y acciones.
Para
ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto que parece tan
sencillo, a veces es lo que cuesta más trabajo. Con aires de ser
“francos” o “sincero”, decimos con facilidad los errores que
cometen los demás, mostrando lo ineptos o limitados que son.
Cabe
enfatizar que “decir” la verdad es una parte de la sinceridad, pero
también “actuar” conforme a la verdad, es requisito indispensable.
El
mostrarnos “como somos en realidad”, nos hace congruentes entre lo que
decimos, hacemos y pensamos, esto se logra con el conocimiento y la
aceptación de nuestras cualidades y limitaciones.
Ser
sincero, exige responsabilidad en lo que decimos, evitando dar rienda
suelta a la imaginación o haciendo suposiciones.
Para
ser sincero también se requiere “tacto”, esto no significa encubrir
la verdad o ser vagos al decir las cosas. Cuando debemos decirle a una
persona algo que particularmente pueda incomodarla principalmente debemos
ser conscientes que el propósito es “ayudar” o lo que es lo mismo, no
hacerlo por despecho, enojo o porque “nos cae mal”, eso tiene otro
nombre, y no es el de sinceridad, aunque lo que digas no falte a la
verdad. Hay que encontrar el momento y lugar oportunos, esto último
garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra buena
intención de ayudarle a mejorar.
En
algún momento la sinceridad requiere valor, nunca se justificará el
dejar de decir las cosas para no perder una amistad o el buen concepto que
se tiene de nuestra persona. La persona sincera dice la verdad siempre, en
todo momento, aunque le cueste, sin temor al que dirán.
Al
ser sinceros aseguramos la amistad, somos honestos con los demás y con
nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la
veracidad que hay en nuestra conducta y nuestras palabras. A medida que
pasa el tiempo, esta norma se debe convertir en una forma de vida, una
manera de ser confiables en todo lugar y circunstancia.
“La
sinceridad y la humildad son dos formas de designar una única realidad”
Para
ver la realidad de tal modo que sirva de base para una progresión
personal, hace falta distinguir entre lo importante y lo secundario. Si la
persona no quiere mejorar, si entiende la vida como una condición en que
puede encontrar el placer y no le incumbe ningún esfuerzo de mejora en
función de la finalidad última por la cual ha sido creado, distinguir
entre lo importante y lo secundario no vale la pena.
La
orientación podría venir por ver lo que es:
1.-
Distinguir entre hechos y opiniones.
2.-
Distinguir entre lo importante y lo secundario.
3.-
distinguir a quién se debería contar qué cosas.
4.-
Distinguir el momento oportuno.
5.-
Explicar por qué.
La
educación de la sinceridad básicamente supone la educación del tacto,
de la discreción y de la oportunidad. Porque ser sincero no consiste en
decir todo a todos y siempre.
El
discernimiento será, como siempre, nuestra herramienta fundamental para
dar sentido a esta virtud. |
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