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La educación del cuerpo físico

El cuerpo físico es el sustento material de todo el cuerpo humano en su conjunto, y su base se halla en la alimentación. El vientre es el crisol en donde se producen todos los fenómenos que permiten la subsistencia del ser humano, y sus acciones y reacciones repercuten en todas las demás funciones orgánicas. No es preciso citar aquí, la experiencia nos lo enseña a menudo, la somnolencia y el sopor que nos invaden después de una comida excesiva, la pesadez subsiguiente a un banquete excesivamente libado.

Por ello, no es sorprendente que una de las condiciones básicas que exija la magia en el mago sea una adecuada y equilibrada alimentación. Una alimentación que, si se quiere que arroje todas sus cualidades al resto del cuerpo, no ha de ser excesiva, pero tampoco puede pecar por defecto. La alimentación del mago (y esto es fundamental) ha de ser equilibrada en grado sumo, a fin de que se mantenga siempre un statu quo entre la parte física e intelectual: tan perjudicial es un exceso de intelectualidad (que abocará indefectiblemente en desórdenes nerviosos) como su defecto (con sus inevitables secuelas de torpor y atontamiento físico). La alimentación ideal del mago es, por ello, el vegetalismo: un vegetalismo moderado, que, sin embargo, deberá hacerse más riguroso en los períodos inmediatamente anteriores a la realización de cualquier acto mágico, como veremos más adelante.

Sin embargo, no basta con mantener simplemente el equilibrio. Es preciso acostumbrar también a los centros del cuerpo físico (y de retrueque a los de los otros cuerpos, con los que, no hay que olvidarlo nunca, está íntimamente ligado, con lo que siempre las acciones de uno repercuten en los otros dos) a un entrenamiento vital dosificado y progresivo, a una serie de estímulos cuidadosamente elegidos que logren el que, a la larga, los centros de este cuerpo se habitúen a reaccionar de la forma apetecida a la menor solicitud... que estén siempre alerta.

Esto se logra mediante el uso adecuado y periódico de excitantes materiales, cuidadosamente escogidos. Entre todos ellos, cuya lista completa sería interminable, destacaremos como los más importantes el alcohol, el café, el té, y las drogas como el haxix (o haschis), el opio o la morfina.

De todos ellos es inútil hablar detenidamente, puesto que sus efectos son ya lo suficientemente conocidos. Sin embargo, sí vale la pena hacer algunas especificaciones: el alcohol, por ejemplo, tomado dosificadamente, es un excitante rápido, poco profundo y de poca duración... pero cuyo uso no puede repetirse sin una pausa conveniente entre una y otra dosis ya que, en caso de segunda dosis rápida, los efectos excitantes son menores, disminuyendo proporcionalmente a la inversa de la cantidad ingerida hasta terminar, en caso de persistencia, con la embriaguez. El café es uno de los excitantes más duraderos y poderoso que se conocen actualmente, siendo su principal centro de influencia el de la sensibilidad. El té puede considerarse, dentro de los excitantes naturales, en un término medio entre el alcohol y el café, siendo sus efectos más débiles que los de este último, pero también más prolongados que el primero. Las drogas, finalmente, no actúan exactamente como excitantes, vía corporal, de las capacidades intelectuales, como los anteriores, sino sencillamente como amplificadores de la sensibilidad, siendo las consecuencias de su reacción más peligrosas que las de los demás excitantes por crear hábito.

En el uso de todos estos excitantes, naturalmente, todos los magos advierten que el neófito deberá usar de una extrema cautela y cuidar escrupulosamente de su empleo y de las dosis adecuadas para la finalidad que persiga... prescindiendo en absoluto si es necesario de las drogas hasta que esté lo suficientemente adelantado para conseguir su control.

 

 

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