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La represión.
La explotación, la manipulación y la represión son
diferentes caras de una misma barbarie. El objetivo del Poder es el
beneficio, aunque sea a costa de la explotación. La manipulación es el
control de la sociedad mediante el control de la mente de las personas que
la componen. Si este control no es posible, el Poder recurre al empleo de la
fuerza. Cuando el Poder intenta dominar al ser humano pero no alcanza sus
objetivos mediante la manipulación, pues se encuentra ante personas que
viven espiritualmente, utiliza medios violentos y quebranta, abierta y
descaradamente, la libertad de éstas. Entonces, el Poder maniobra
estableciendo diversos tipos de dominio que, según la conveniencia, pueden
ir desde la esclavitud propiamente dicha hasta las nuevas formas de
servidumbre humana. Para dominar, utiliza ahora la violencia física o
psíquica sobre los seres humanos. Muchas personas se ven obligadas a
padecerla porque creen que no pueden deshacerse de ella –por ejemplo,
injusticias en el mundo laboral u opresiones en el ámbito político. Lo
cierto es que no deben saber cómo hacerlo, porque el ser humano siempre
tiene ante la barbarie del Poder una salida digna, y esta es la respuesta de
una vida espiritual.

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