LA RELIGIÓN: EL HECHO RELIGIOSO

El hecho religioso es una parte de la historia humana. En todas sus épocas y culturas aparece una actividad, diferente de la actividad ordinaria y mezclada generalmente con elementos "mágicos", que influye en la historia y que a su vez, esta actividad religiosa, es influida por la historia misma.

El hecho religioso contiene una enorme variedad de formas que reflejan la pluriformidad de la historia humana, según las diferentes épocas, culturas y situaciones. Pero contiene también una indudable unidad que nos permite identificar fenómenos aparentemente muy diferentes (como por ejemplo la religiosidad del primitivo y las elevadas manifestaciones religiosas contenidas en el cristianismo o budismo) y descubrir su específica relación con otros hechos humanos como pueden ser el estético, el moral, etc.

A partir de esta breve introducción podríamos fácilmente enumerar y explicar los puntos de referencia que se utilizan normalmente para intentar comprender la estructura del hecho religioso. Podríamos extendernos sobre el ámbito de lo sagrado, el misterio, la actitud religiosa... pero no creo que llegáramos al objetivo final de la asignatura, que engloba estos tres aspectos:

1º) La comprensión de aquello que mueve al ser humano, a lo largo de toda la historia, al acto religioso.

2º) Ver si ese movimiento se encuentra dentro del camino de la Luz.

3º) Ver si ese movimiento se encuentra dentro del camino de las tinieblas y, si es así, cómo poder salir de él.

 

Planteamiento de interrogantes

Para intentar tan basto propósito enunciaremos una serie de preguntas e intentaremos responderlas, sistema sencillo pero eficaz.

 

¿Puede el ser humano encontrar a Dios dentro de cualquier movimiento religioso, en alguna creencia, fe o credo?

La creencia es una negación de la verdad, la creencia impide la verdad, creer en Dios no es encontrar a Dios, porque en realidad Dios es lo desconocido, y la creencia o no creencia de los hombres en lo desconocido es una mera proyección de la mente y del pensamiento del hombre y, por lo tanto, no es real.

 

¿Por qué cree el hombre?

Creemos porque eso nos brinda satisfacción, consuelo, esperanza y decimos que da sentido a nuestra vida. Nuestra creencia tiene en realidad un significado mas bien escaso, porque creemos y explotamos al prójimo, creemos y matamos, creemos en un Dios universal y nos asesinamos entre nosotros. Los hombre que dicen que creen en Dios han destruido la mitad del mundo y la otra mitad sufre y padece. Por causa de la intolerancia religiosa existen las divisiones de la gente entre creyentes y no creyentes y lo cual conduce a las guerras de religión.

 

¿Es la creencia en Dios un incentivo para que el ser humano sea y viva mejor?

Nuestro incentivo, seguramente, tiene que ser nuestra propia intención de vivir de un modo puro y sencillo. Si esperamos algo de un incentivo, no nos interesa el hacer la vida posible para todos sino tan sólo nuestro incentivo, que pueden ser diferentes y por eso nos peleamos. Pero, si vivimos felices juntos, no porque creamos en Dios, sino porque somos seres humanos, entonces compartiremos enteramente los medios de producción a fin de producir cosas para todos. Por falta de inteligencia aceptamos la idea de una superinteligencia a la que llamamos "Dios"; pero la idea de este "Dios", esta superinteligencia, no va a brindarnos una vida mejor. Lo que conduce a una vida mejor es la inteligencia; y no puede haber inteligencia si hay creencias, si hay divisiones de clase, di los medios de producción están en manos de unos pocos, si hay nacionalidades independientes y gobiernos soberanos.

Todos nosotros creemos y hemos creído a lo largo de toda la historia de diferentes maneras, pero nuestras creencias carecen de cualquier realidad. La realidad es lo que somos, lo que hacemos, lo que pensamos, y toda nuestra creencia en Dios y todo el hecho religioso es una simple evasión de nuestra vida monótona, necia y cruel. Más aún, la creencia divide invariablemente a los hombres: ahí están el hindú, el budista, el cristiano, el comunista, el socialista, y así sucesivamente. La idea, la creencia divide, jamás une a las personas. Puede que juntemos a unos cuantos en un grupo, pero ese grupo se opone a otro grupo, las ideas y las creencias, por el contrario son separadoras, desintegradoras y destructivas. Por lo tanto, nuestra creencia en Dios está, de hecho, extendiendo la desdicha por el mundo; aunque nos haya aportado momentáneamente consuelo, en realidad nos ha traído más desdicha y destrucción en forma de hambre, guerras, divisiones de clase y acciones despiadadas. Así, pues, nuestra creencia carece totalmente de valor. Si realmente creyéramos en Dios, si ello fuera para nosotros una experiencia real, entonces, en nuestro rostro habría una sonrisa, no haríamos daño.

 

¿Qué es la verdad? ¿Qué es Dios?

Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente tiene que estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente tiene que estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios. ¿Qué sabemos acerca de Dios o de la Verdad? De hecho, nada. Todo lo que sabemos son palabras, las experiencias de otros o algunos momentos de experiencias más bien vagas. Eso, con seguridad, no es Dios, no es la realidad; eso no está fuera del ámbito del tiempo. Para conocer aquello que está más allá del tiempo, debe comprenderse el proceso del tiempo, que es el pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Este es todo el pasado de la mente; la mente misma es el pasado, tanto la consciente como la inconsciente, la colectiva y la individual. La mente, debe estar libre de todo lo conocido, lo cual significa que la mente debe estar por completo en silencio. Pero la mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa. La mente forzada, dominada, moldeada, encuadrada y mantenida en silencio, no es una mente serena. La serenidad sólo llega cuando comprendemos el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender su proceso es darle fin y al cesar el proceso del pensamiento empieza el silencio.

¿Cómo puede el hombre encontrar a Dios?

Sólo cuando la mente está en completo silencio, tan sólo entonces puede llegar lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente pueda experimentar; sólo puede experimentarse el silencio, nada más que el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea el silencio, no hace más que proyectar sus propios deseos; y una mente así no está en silencio. Mientras la mente no esté en silencio, mientras el pensamiento en cualquier forma, consciente o inconsciente, esté en movimiento, no puede haber silencio. El silencio es la liberación del pasado, de los conocimientos, de los recuerdos; y cuando la mente está silenciosa del todo, inactiva, cuando en ella reina un silencio que no es producto del esfuerzo, sólo entonces lo atemporal, lo eterno, puede surgir. Este estado no es un estado para recordar, no hay entidad alguna que recuerde, que experimente

Por lo tanto, Dios, o la verdad, o lo que sea, es algo que se crea de instante en instante, y esto ocurre únicamente en un estado de libertad y espontaneidad, no cuando disponemos una disciplina a la mente de acuerdo a una norma. Dios no es una cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo y sus deseos; sólo llega cuando hay virtud, es decir, libertad. Virtud es enfrentarse con el hecho de lo que es, ver lo que es (la verdad o hará libres). Ver lo que es y enfrentarse con el hecho es un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún proceso de sí misma, sin la proyección del pensamiento, sólo entonces se manifiesta lo eterno.

 

Reflexión

El ser humano vive en la insatisfacción, el dolor y la ignorancia y, para huir de ello toma vías de escape en su búsqueda de satisfacción.

Con este deseo de placer y rechazo del dolor el hombre recorre la tierra entera, buscando y rechazando, intentando la satisfacción de los sentidos con los objetos creados por la mente y la sensualidad.

Como no hay nada, nada en esta tierra que satisfaga profunda y verdaderamente buscamos a Dios, la eterna satisfacción. Este es el nacimiento del hecho religioso actualmente y en toda la historia.

Este camino que toma le reporta dolor y sufrimiento, vuelve la insatisfacción. El hombre ve cómo ha invertido sus días y su tiempo para únicamente encontrar ese mundo tras cuya fachada alucinante sólo vive la nada. Al final de todo siempre se encuentra sólo consigo mismo, caído, sucio y agotado, debiendo de nuevo emprender sus pasos. Es necesario que la humanidad aprenda a caminar por el sendero de la Luz.

 

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