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Ética interpersonal.

Debemos llevar siempre, firmemente en nuestra mente, los problemas de nuestra vida cotidiana y estar atento a nuestras acciones. Si somos conscientes veremos nuestras respuestas a medida de que se producen y no al cabo de los años.

Todo acontecimiento tiene un significado, un mensaje que de un modo u otro se refiere a nuestros problemas cotidianos. Esto es aplicable especialmente a las cosas que solíamos considerar perjudiciales. Nuestro reto consiste en encontrar el lado útil y didáctico de cada acontecimiento, por muy negativo que éste sea.

El vivir conscientes y atentos/as nos alerta contra la interrupción de nuestro desarrollo, que ocurre cuando nos vemos adictos a otra persona o a alguna creencia.

Enamorarse es un darse energía mútuamente, pero al conectarnos a la otra persona y confiar que la energía venga de ella nos desconectamos de la fuente de energía del universo y recurrimos únicamente a la energía de la otra persona. Cada vez parecerá que hay menos energía, cesará la transmisión y, muy probablemente, la pareja se vendrá abajo. En estos casos, nada excepcionales, ocurrirá que muchas veces habrá un intento de una parte de la pareja por obtener energía del otro sin intención de reciprocidad, en forma egoísta.

Debemos consumar ya la transición que lleva de recibir energía de los adultos y de nuestras farsas de control a obtenerla de la fuente universal, de la vida.

Ninguno de nosotros ha sido capaz de completar un proceso psicológico necesario: no hemos sabido integrar nuestro lado sexual opuesto, el femenino o el masculino.

La razón de que caigamos en la adicción a una persona del sexo contrario o que la busquemos irracionalmente, es que todavía no hemos accedido a esta energía del sexo opuesto nosotros solos, por nuestra cuenta.

La energía interna que podemos aprovechar como fuente interna es a la vez masculina y femenina. Eventualmente podemos abrirnos a ella, pero cuando empezamos a evolucionar debemos ser muy cautelosos/as, pues el proceso de integración de la energía requiere tiempo. Si conectamos prematuramente con una fuente humana para obtener nuestra energía femenina o masculina, cerramos el paso al suministro universal.

Poquísimos de nosotros ha resuelto como debiera esta cuestión y buscamos la energía del sexo opuesto, fuera de nosotros, de nuestra identidad, en la persona de un varón o de una hembra a quien consideramos como mágico y a quien podemos poseer sexualmente.

Hasta que no superemos esta situación andamos por ahí como círculos incompletos. Parecemos la letra C, predispuestos a que otra persona del otro sexo, otro círculo incompleto surja en alguna parte y se una a nosotros completando así el círculo. Caemos así en la euforia, pero en realidad sólo nos hemos unido a otra persona que busca su otra mitad. Entramos así en una relación clásica de mutua dependencia, que lleva incorporados siempre problemas que empiezan a manifestarse de inmediato: se ha creado una persona completa, masculino/femenina, con dos cabezas, con dos seres incompletos, cuando el ser completo, el círculo completo, lo deberíamos haber formado nosotros/as solos/as y estabilizar nuestra relación con el universo. Esto exige tiempo, aunque si lo conseguimos no volveremos a padecer otra vez el problema y, después, si formamos pareja, conseguiremos una relación culminante, formaremos una persona superior sin salirnos del sendero de la evolución.

Debemos saber mirar la realidad de las personas que componen el sexo opuesto para evitar proyecciones de la fantasía que nos separen del camino. Duele mucho, pero ha de hacerse así Todos, hoy en día, lo estamos superando. Es empezar a experimentar esa misma sensación de bienestar y euforia que se produce en los primeros momentos de una relación de mutua dependencia pero estando solos. Uno ha de tenerle a ella o a él en su propio interior.

El modo de acercarnos a las demás personas determina nuestro estado de evolución.

Debemos llenar de calor y energía (amor) a toda persona que cruce por nuestra vida. Los encuentros superfluos no existen: toda persona que cruza nuestro camino tiene un mensaje para nosotros y nosotros tenemos uno para ella.

Cuando queramos dar calor y energía debemos estar en un estado centrado, en paz. Nos centraremos en la persona y y sus rasgos empezarán a destacar, a tener más presencia. De esta forma tan sencilla podemos elevar la energía de la otra persona a un plano, un nivel superior. Cuanto más apreciemos su integridad, su belleza interior, más fluirá la energía hacia ella y hacia nosotros. El efecto de la proyección de energía sobre la persona es inmenso. Todo esto es igual que una relación de mutua dependencia pero sin ánimo de control ni de adicción, sin segundas intenciones.

Cuando nos encontramos ante una persona que actúa bajo una farsa de control, debemos proyectarle toda nuestra energía/amor/calor/simpatía posibles y llevar su farsa al ámbito de la consciencia.

En la relación interpersonal., tanto en pareja como en grupo, solamente una persona a la vez tendrá las ideas más claras y potentes en el momento de una interactuación grupal. Por eso debemos estar atentos para saber cuando debemos proyectar energía y cuando hablar.

Debemos ayudar para que el grupo, o la pareja, no se fragmente: superar las intolerancias, no aceptaciones, timidez, desagrados... La persona rechazada se ve privada de recibir su energía/amor y el grupo pierde todo su potencial. Así, en vez de admirar la belleza profunda de la persona y darle energía, le arrebatamos ésta y le causamos daño haciéndole verse a sí misma desagradable y fea.

Los seres humanos nos consumimos, nos envejecemos de esta manera. Cuando un grupo, o pareja, funciona, el campo individual de energía se funde con todos los de los demás y pasa a constituir un fondo común de energía. Un cuerpo con varias cabezas en donde unas veces habla una y otras veces otra en representación del cuerpo. Esta es la persona superior a las que se refieren todas las tradiciones, muy parecida a la relación sentimental entre un hombre y una mujer pero mucho más universal, plena y evolucionada.

Esta manera de relacionarnos conscientemente, en la que cada persona intenta sacar a la luz lo mejor de las demás, en lugar de tener poder sobre ellas, es una forma de actuar que acabará adoptando la totalidad de la humanidad, aumentando de forma impensable el amor y todos los valores positivos. De esta manera aumentará el ritmo de la evolución de la humanidad. Crearemos una cultura totalmente espiritual: realizaremos el paraíso en la tierra.

 

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