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PROTOCOLO XV.
Recordad
el ejemplo de Italia inundada de sangre, que no tocó, sin embargo, un solo
cabello de la cabeza de Sila que tanta de esa sangre había derramado.
Sila, a los ojos del pueblo, era como un Dios por su poder; y, a su audaz
regreso a Italia, ese pueblo martirizado por él, lo deificó, lo hizo
intocable... Así el pueblo no se atreve a tocar a quien ha sabido
hipnotizarlo por su valor y su fuerza de voluntad.
5.- Los que ingresan en las sociedades secretas, de ordinario son
los ambiciosos, los aventureros, y en general, hombres ligeros en su mayor
parte, con los cuales no tendremos dificultad para ponernos de acuerdo
para la realización de nuestros proyectos. Si se producen desórdenes, esto
será indicio de que tenemos necesidad de provocarlos para destruir una
solidaridad excesiva. Si surge algún complot en su seno, al que hay que
señalar como verdadero autor no hay que ir a buscarlo sino entre nuestros
más fieles servidores. Es natural que sea alguno de nosotros, pues nadie
más que nosotros manejamos los asuntos de la masonería, porque sabemos a
dónde vamos, conocemos el objetivo final de toda acción, mientras que los GOYIM nada saben, ni aun del resultado inmediato; ordinariamente se
contentan con un éxito momentáneo de amor propio en la ejecución de sus
planes, sin fijarse siquiera en que esos planes no se deben a su
iniciativa, sino que les fueron sugeridos por nosotros.
LOS GENTILES SON ESTÚPIDOS
Esta psicología nos facilita notablemente el trabajo de dirigirlos. Tigres
en apariencia, tienen almas de cordero y sus cabezas están completamente
vacías. Les hemos dado como distintivo bufonesco el sueño o desvarío de la
absorción de la individualidad humana por la unidad simbólica del
colectivismo; y ellos no han comprendido, ni comprenderán en mucho tiempo,
que esta bufonada es una violación evidente de la más importante de las
leyes de la naturaleza, que creó después del primer día de la creación,
cada ser distinto de los demás, precisamente para que su distinción
afirmara su individualidad.
9.- La muerte es el fin inevitable de todos. Mejor es acelerar el fin de aquellos que ponen obstáculos a nuestra obra, que no el de nosotros que somos los que a esa obra hemos dado el ser. A los Franc-Masones les damos muerte de manera que nadie, excepto sus hermanos, ni aun las mismas víctimas, pueden sospechar de su condenación; todos mueren. cuando es necesario, como de una enfermedad natural... Sabiendo esto, ni la hermandad misma se atreve a protestar. Estas medidas han desterrado y extirpado de la masonería todo germen de protesta. A pesar de que a los GOYIM predicamos el liberalismo, a nuestro pueblo y a nuestros agentes los tenemos bajo una obediencia absoluta.
10.- Gracias a
nuestra influencia, la ejecución de las leyes de los GOYIM ha quedado
reducida al mínimum. El prestigio de la ley está minado por las
interpretaciones liberales que nosotros hemos introducido. En las causas y
cuestiones políticas v de principios, los tribunales deciden como nosotros
les ordenamos; ven las cosas a la luz que nosotros les presentamos. Para
todo esto nos servimos, como intermediarios, de personas con las que nadie
cree que tenemos nada de común; nos servimos de la opinión, de la prensa y
de otros medios. Los senadores mismos y la administración superior aceptan
ciegamente nuestros consejos. La inteligencia netamente animal de los
GOYIM es incapaz de análisis y observación, y más todavía, de prever hasta
dónde puede llegar una cierta manera de presentar las cuestiones. En esta
diferencia de aptitudes que hay entre nosotros y los GOYIM para pensar, se
puede ver claramente el sello de nuestra elección y la marca de nuestra
humanidad. La inteligencia de los GOYIM es instintiva, animal. Ellos ven,
mas no prevén ni inventan (excepto cosas materiales). Por aquí se ve
claramente que la naturaleza misma nos tiene destinados a dirigir y
gobernar el mundo. Exigimos sumisión.
13.- El encubrimiento, la complicidad solidaria entre los funcionarios, desaparecerán con los primeros ejemplos de un castigo riguroso. El prestigio de nuestro gobierno exige castigos eficaces, es decir, crueles, por la menor infracción de las leyes. Pues toda infracción es un atentado al alto prestigio de la autoridad. El que resulte condenado será indefectiblemente castigado por su delito; será como el soldado caído en el campo de batalla gubernativo, por la autoridad, los principios y las leyes que no toleran que los intereses privados especulen con los cargos públicos, ni aun tratándose de los que guían el carro de la Sociedad. Nuestros jueces sabrán que si buscan el elogio de una imprudente blandura, violan la ley de la Justicia que ha sido instituida para ordenar a los hombres por medio del castigo de los delitos, y no para que el juez haga ostentación de la bondad de su alma. Es permitido hacer esas manifestaciones de bondad y de estas cualidades en la vida privada, pero no en el campo de la vida pública, que es como la base y fundamento de la educación de la vida humana.
14.- Nuestro personal judicial no prestará servicios pasados los cincuenta años de edad, pues los ancianos son más obstinados en sostener sus opiniones preconcebidas y están menos dispuestos a obedecer las nuevas ordenanzas, y en segundo lugar, porque esto nos permitirá más fácilmente renovar el personal, que así nos será más sumiso: quien quiera conservar su empleo, deberá obedecer ciegamente para merecer este favor. Generalmente, nuestros jueces serán escogidos exclusivamente por nosotros entre aquellos que comprendan que su papel es el de castigar y aplicar leyes; no el de hacer ostentación de liberalismo con detrimento del Estado, como lo hacen al presente los GOYIM. Los cambios de personal servirán también para afirmar la solidaridad de los colegas y los tendrán a todos más estrechamente ligados a los intereses del gobierno del que depende su suerte. La nueva generación de jueces será educada de tal manera que considerará inadmisibles los abusos que puedan atacar el orden establecido en las relaciones de nuestros súbditos entre sí.
15.- Hoy, los jueces GOYIM, no teniendo una idea exacta de su deber, se manifiestan indulgentes con todos los crímenes, porque los actuales gobernantes, al nombrar para este cargo a los jueces, no tienen cuidado de inspirarles el sentimiento de ese deber y la conciencia de la labor que su cargo exige. Así como los animales hacen salir a su prole en busca de la presa, los GOYIM confían a sus súbditos estos puestos proporcionándoles una buena renta, sin preocuparse de hacerles comprender el fin para que tales cargos han sido establecidos. Por eso los gobiernos se destruyen a sí mismos con sus propias fuerzas y con los actos de su administración.
16.- Saquemos, pues, del resultado ya conocido de estos actos una lección más para nuestro gobierno.
17.- Desterraremos el liberalismo de todos los cargos importantes de nuestra administración; de esto dependerá la educación de nuestros subordinados con relación al orden social. A esos cargos serán admitidos solamente los que hayan sido educados para ellos por nosotros. Se nos podrá objetar que el retiro de los funcionarios ocasionará fuertes gastos al Erario. Respondemos desde luego que previamente se les proporcionará un empleo particular para compensarlos del que se les quita en la administración pública; y en segundo lugar, que estando en manos de nuestro gobierno todo el dinero del mundo, éste no teme los gastos excesivos. Seremos crueles.
18.- Nuestro absolutismo será consecuente en todo. Por esta razón nuestra poderosa voluntad será respetada y ejecutada sin objeción alguna siempre que ordenemos. No tendrá ella en cuenta murmuraciones ni descontentos; cualquier rebeldía será reprimida con castigos ejemplares.
19.-El derecho de casación quedará abolido, sin que nadie, sino nosotros, los gobernantes, pueda recurrir a él, porque no debemos permitir que nazca en el pueblo la idea de que haya podido dictarse una sentencia injusta por jueces que han sido nombrados por nosotros. Si algo de esto llegase alguna vez a suceder, nosotros mismos casaremos la sentencia; pero aplicando al mismo tiempo al juez un castigo tan ejemplar, por no haber sabido comprender su deber y su cargo, que semejantes casos no se repetirán. Una vez más insisto en que nosotros tendremos conocimiento de todos los pasos de nuestra administración, que basta vigilar para que el pueblo esté contento de nosotros, porque hay derecho de exigir a un buen gobierno buenos funcionarios.
20.- Nuestro gobierno tendrá, por su parte, cierta semejanza con una tutela patriarcal o paternal. Nuestro pueblo y nuestros súbditos verán en él un padre que conoce a fondo todas las necesidades, todos los actos, todas las relaciones de sus súbditos entre sí y con el gobierno. Con esto, los súbditos se penetrarán de tal manera del pensamiento de que es imposible evadir esta tutela y dirección, si quieren gozar de paz y de tranquilidad, que reconocerán la autocracia de nuestro gobierno con un respeto que ralle en la adoración, principalmente cuando se convenzan de que nuestros funcionarios no deben al pueblo el cargo que desempeñan y en desempeñarlo no hacen más que cumplir ciegamente las leyes. Quedarán contentos nuestros súbditos de que hayamos reglamentado todo en su vida social, como lo hacen los padres prudentes que quieren educar a sus hijos en el sentimiento del deber y de la obediencia. Pues, los pueblos con relación a nuestra política, y sus secretos, son hijos menores eternamente, como ahora lo son los actuales gobiernos.
21.- Como veis, yo establezco como base de nuestro despotismo el derecho y el deber: el derecho de exigir el cumplimiento del deber, es el primer deber de un gobierno, que es un padre para sus súbditos. El tiene el derecho del más fuerte, y debe usar de él para dirigir a la humanidad hacia el orden establecido por la naturaleza, hacia la obediencia. En el mundo todo obedece, si no al hombre, a lo menos a las circunstancias, o a su propia naturaleza, o al más fuerte en todo caso. Seamos, pues, el más fuerte en atención al bien.
22.- Debemos saber sacrificar sin vacilaciones a los individuos aislados, violadores del orden establecido, porque hay una gran fuerza educadora en el castigo ejemplar del mal.
23.- Cuando el rey de Israel se ponga sobre su sagrada frente la corona que le ofrecerá Europa, él será el patriarca del mundo. Las víctimas necesariamente sacrificadas por él para que pudiera llegar a este trono, no igualarán jamás en número, a los sacrificados durante tantos siglos de locura y de grandezas por la rivalidad de los príncipes y gobiernos GOYIM.
24.- Nuestro rey estará en contacto constante con el pueblo; le dirigirá la palabra desde la tribuna, y la ya citada oficina central de noticias difundirá simultáneamente su palabra por todo el mundo. |
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