La grasa ejerce una clara
influencia inhibidora sobre la secreción de jugos gástricos. Durante las dos
o tres horas siguientes a la ingestión de grasa, la concentración de
pepsina y ácido clorhídrico en el estómago se ve considerablemente
reducida. Esto retrasa la digestión de cualquier proteína que se haya
ingerido junto con la grasa, permitiendo que las bacterias inicien la
putrefacción de la proteína. Por eso las carnes grasosas como el tocino,
los bistecs con grasa o las carnes magras fritas en grasa resultan tan
pesadas en el estómago durante varias horas después de haberlas comido.
Hay que consumir las grasas y
las proteínas concentradas en distintas comidas. Cuando no pueda evitar
mezclarlas, acompañarlas de abundantes verduras crudas para facilitar su
digestión y su paso por los intestinos.