POR QUÉ SE NOS DEBE EDUCAR

Muy pocos estudiantes saben en realidad por qué reciben ustedes educación. Tan pronto tienen edad suficiente, sus padres les envían a la escuela, pero no saben cual es el motivo por el qué van a la escuela. Todo lo que los estudiantes y sus padres saben es que deben ir a la escuela y educarse.

El estudiante debe conocer qué significa que a uno le eduquen, y reflexionar al respecto. Educación no significa simplemente aprobar exámenes para que más tarde puedan casarse, tener alguna clase de empleo y continuar en ese empleo, les guste o no, por el resto de sus vidas. Eso no es la educación.

Los estudiantes asisten a diversas escuelas donde se les educa, o sea, que aprenden matemáticas, historia, geografía, ciencia y demás. Pero no saben el por qué ni se lo han preguntado alguna vez. Alguno piensa que lo hace simplemente para que después puedan ganarse la vida. Pero este no es el propósito de la educación. La educación no es tan sólo un asunto de aprobar exámenes y poner unos cuantos títulos junto a los nombres, la educación es algo por completo diferente.

Si miramos a nuestro alrededor veremos en qué espantosa confusión se encuentra el mundo. Está el pobre que tiene muy poco para comer, que carece de días festivos y debe trabajar día tras día, de la mañana a la noche, mientras otros acuden al club en lujosos automóviles y allí se divierten. Esa es la vida, están el pobre y el rico, los enfermos y los que gozan de buena salud, y en todo el mundo hay guerras, desdichas, toda clase de infortunios.

Los estudiantes deberían reflexionar sobre estas cosas mientras son jóvenes. Pero ya vemos que en sus escuelas no les ayudan a prepararse para afrontar esa vasta extensión de la vida con sus extraordinarias luchas, desdichas, sufrimientos, guerras... nadie les habla sobre todo esto. Sólo les comunican los hechos desnudos, pero eso no es suficiente.

La educación no está sólo para capacitar a las personas para que puedan conseguir un empleo; la educación es algo que debe ayudarlas a prepararse para la vida. Nuestros estudiantes podrán convertirse en un oficinista, un gobernador, un científico, pero eso no es la totalidad de la vida.

Hay toda clase de cosas en la vida. La vida es como el océano. El océano no es sólo lo que vemos en la superficie. Es tremendamente profundo, tiene corrientes enormes y está atestado con todo tipo de vida, con múltiples variedades de peces, el grande viviendo del pequeño. Todo eso es el océano; y así ocurre con la vida, en la cual hay toda clase de goces, de placeres, dolores, invenciones extraordinarias, innumerables sistemas de meditación y la búsqueda colectiva de la felicidad.

La vida es todo eso, pero los estudiantes no están preparados para ella. En la escuela nadie les habla acerca de todas esas cosas. Hay demasiados chicos y chicas en cada clase, y el maestro sólo se interesa en que pasen los exámenes, no se interesa en el esclarecimiento de sus mentes.

Pero la educación, obviamente, no es un proceso de atiborrar sus mentes con información. Si saben leer pueden tomar cualquier enciclopedia y obtener la información que desean. La educación es algo por completo diferente del mero aprendizaje de ciertos hechos y de la aprobación de unos cuantos exámenes.

Mientras tengamos miedo, no estamos educados. Todos nosotros sabemos que tememos: los niños temen, los adultos temen, todos temen; y en tanto tengamos miedo, no estaremos educados, careceremos de inteligencia. De modo que la educación no consiste meramente en atestar la mente con información sino en ayudar al estudiante a comprender sin miedo esta gran complejidad de la vida.

Los estudiantes sienten temor de sus maestros, de sus padres, del hermano mayor, de la tía o de alguna otra persona. Los mayores tienen el poder de castigarles, de apartarles o de pedirles que permanezcan en su propia habitación; y así, tanto en la escuela como en la casa, se nos educa continuamente en el miedo.

Nuestra vida es moldeada por el miedo y, desde la infancia hasta que morimos, estamos atemorizados. Pero no sabemos lo que el miedo en realidad hace. Cuando los estudiantes tienen miedo se les aprieta el estómago, transpiran, tienen pesadillas... No les gusta estar con personas que les atemorizan, quieren escapar de ellas como un animal que se siente amenazado.

Y ya vemos, con ese miedo asistimos a la escuela y al colegio, y con ese miedo dejamos el colegio para encontrarnos con esta cosa extraordinaria, esta vasta corriente con su enorme profundidad a la que llamamos vida. Lo que tiene importancia primordial en la educación es ver que en ella se nos eduque para que estemos libres del miedo; porque el miedo embota nuestras mentes, mutila nuestro pensar, contribuye a la oscuridad, y en tanto vivamos con miedo no crearemos un mundo nuevo.

En el mundo exterior a nuestra propia familia, a nuestro propio hogar, en el mundo que está más allá de nuestro pueblo o ciudad, en todos los continentes poseen y están preparando nuevos artefactos de enorme destrucción. El mundo está pasando por una fase terrible y todos los políticos, todos los gobernantes están muy confundidos aunque digan que no lo están, porque siempre se hallan en guerra, siempre hay alguna clase de infortunio. De modo que el mundo al presente no es algo hermoso, no es un lugar feliz donde vivir; y si a nuestros estudiantes, que son muy jóvenes, no se les educa correctamente, es obvio que crearán un mundo igualmente infeliz, igualmente desdichado y confuso.

Por ello, es muy importante tanto para los maestros como para los estudiantes descubrir de qué modo se les educa, de forma que podamos crear una clase de mundo por completo diferente. Un mundo en el que podamos vivir juntos dichosamente, en el cual no existan el rico y el pobre, ni los grandes políticos que poseen todo el poder, la posición, el atractivo, ni los que carecen de todo privilegio, que nada tienen en la vida y deben trabajar incesantemente hasta que mueran.

Son nuestros estudiantes los que tendrán que crear un mundo nuevo, no los adultos, porque éstos están haciendo del mundo una confusión espantosa. Pero si se les educa correctamente, podrán crear un mundo nuevo. Está en sus manos, no en manos de los políticos o de los sacerdotes. Si se les educa apropiadamente crearán un mundo maravilloso, no un mundo americano o europeo, sino un mundo que será nuestro, de todos nosotros, un mundo en el cual todos viviremos juntos dichosamente.

La creación de un mundo semejante depende de los estudiantes y de nadie más; por eso es muy importante el modo como se les eduque y la clase de maestros que tengan. Si el maestro está atemorizado, tendrá estudiantes también atemorizados. Si el maestro es estrecho de miras, trivial, mezquino y sólo está transmitiéndoles información, entonces también los estudiantes tendrán mentes muy mezquinas y crecerán sin comprender qué es la vida.

Es, por lo tanto, esencial que se les eduque apropiadamente, lo cual implica que han de desarrollarse en libertad; y no pueden ser libres si tienen miedo de sus padres, si temen a la opinión pública, a lo que podría decir la abuela. Si sienten temor jamás podrán ser libres. Pero podemos darnos cuenta en las escuelas que los maestros no han reflexionado sobre este problema del temor; porque en el momento en que se ejerce sobre una persona, sobre un estudiante cualquier tipo de compulsión para obligarles a que hagan algo, ya sea mediante la así llamada amabilidad o mediante un sistema de disciplina, ello crea inevitablemente temor.

Si el maestro y, con el fin de hacer que alguien estudie, lo compara con otro estudiante diciéndole que no es tan inteligente como el otro, lo está destruyendo. En nuestras escuelas actuales tenemos exámenes, los cuales engendran temor, y también tenemos sistemas de clasificaciones que implican comparar siempre a un estudiante con otro; por eso se considera importante al chico o a la chica hábil, no al estudiante como ser humano. El estudiante que es muy sagaz en sus estudios, que tiene una peculiar capacidad para aprobar sus exámenes, puede ser estúpido en otros sentidos y probablemente lo es.

Poner notas, clasificar, comparar y cualquier forma de compulsión, ya sea por medio de la amabilidad o de las amenazas, engendran temor; y es a causa de que nos hallamos presos en este temor mientras somos jóvenes, por lo que luchamos en medio del temor por el resto de nuestra vida. Los adultos, por su actitud hacia la vida, crean una forma de educación que es meramente una repetición de lo viejo, de modo que no puede haber una manera diferente de vivir.

Por todo esto es muy importante que nuestros estudiantes reflexionen sobre estas cosas mientras aún son muy jóvenes. Aunque no comprendan esto en toda su profundidad, el maestro debe permitir y fomentar que los estudiantes les inquieran, les interroguen acerca de y ver si pueden estar realmente libres de temor.

Cuando un ser humano, cuando un estudiante no teme estudian mucho mejor. Cuando los estudiantes sientan que no se les obliga a hacer algo, descubrirán qué es lo que les interesa, y entonces por el resto de sus vidas harán algo que realmente aman, lo cual es mucho más importante que volverse un desdichado oficinista porque uno necesita tener un empleo.

Hacer algo porque nuestros padres nos dicen que tenemos que hacerlo o porque la sociedad lo exige no tiene ningún sentido; mientras que si amamos realmente hacer algo con nuestras manos o con la mente, entonces gracias a ese amor crearemos un mundo nuevo. Pero no podemos crear un mundo nuevo si estamos atemorizados; por lo tanto, mientras nuestros estudiantes son jóvenes tiene que haber en ellos un espíritu de rebelión.

Debemos entender qué es la rebelión. A medida que los estudiantes van creciendo desde la infancia a la edad adulta, la vida presiona sobre ellos en la forma de padres, maestros, tradición, vecinos, la cultura de la sociedad en que se crían, etcétera; todo eso les encierra como en una prisión y les obliga a hacer lo que "eso" quiere, de modo que jamás son ellos mismos. Es fundamental que la educación les ayude a ser libres de modo que puedan pensar y vivir sin miedo y, de esa manera, sepan por sí mismos qué es el amor.

Si sus padres les amaran realmente producirían esta clase de educación, intentarían que sus hijos fueran libres para crecer sin miedo, para ser felices. Pero hay muy pocos padres así en el mundo, porque la mayoría de los padres dice que el niño debe hacer esto y no hacer aquello, que debe ser como su padre: un abogado, un policía, un comerciante o lo que fuere.

Es realmente muy difícil comprender estos problemas tan complejos, y a medida que vamos creciendo podemos comprenderlos sólo cuando hay inteligencia. La inteligencia debe llegar a nosotros mientras somos jóvenes, lo cual implica que el maestro mismo debe comprender primeramente todo esto. Pero hay muy pocos maestros que lo comprendan, porque para la mayoría de ellos la enseñanza es meramente un trabajo. No pueden conseguir otro trabajo donde podrían ganar más dinero, por eso dicen: "La enseñanza es un buen trabajo", lo cual significa que no están interesados ni en educarles a ustedes ni en la educación misma.

Por lo tanto, cada estudiante, cada niño o niña, tiene que averiguar la verdad de todo esto, no puede ser meramente amansado como animales domésticos. Es necesario que los maestros y los estudiantes comprendan de qué estamos hablando, porque todo esto es realmente muy difícil y requiere muchísima reflexión por parte de todos. El mundo se está desintegrando, se desmorona, hay guerras, hambre y desdicha; y la creación de un mundo nuevo está en manos de los estudiantes.

Pero los estudiantes nos pueden crear un mundo nuevo si en ellos no alienta el espíritu de rebelión, y no pueden tener este espíritu de rebelión en tanto hay miedo, porque el miedo mutila la inteligencia.

 

 

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