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Percepción. Nº 3.

 

Un hombre fue invitado a comer en la mansión de unas personas muy ricas, llegó al ágape con ropas modestas. Al instante, advirtió que los anfitriones eludían su saludo y que los camareros evitaban servirle. Como vivía cerca, corrió a su casa y se vistió con una túnica muy cara y lujosa. Así volvió al banquete, donde nadie había reparado en su ausencia.

A su regreso, los dueños de la casa lo recibieron cortésmente y los criados mostraron ante él grandes ademanes de respeto.

Llegado el momento de la cena, aquel hombre se quitó la túnica y la arrojó en medio de los manjares.

“¿Por qué haces eso?”, le preguntaron extrañados los anfitriones.

“Ha sido mi túnica y no yo la que ha recibido vuestro respeto y atenciones. Que sea ella la que se quede a comer”.

Dicho lo cual, aquél hombre abandonó aquella casa.

 

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