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La muerte y los niños.

¿cómo podemos concebir la muerte de los niños terminales y aportarles la ayuda más eficaz?

Lo que hace falta es enseñar a todo el mundo que trata con enfermos un lenguaje simbólico y eso no es castellano, ni inglés, ni francés, es un lenguaje universal. No hay ningún niño que no se dé cuenta de su muerte inminente. Vuestro trabajo, ya seáis médicos, enfermeras, o familiares, es saber leer entre líneas lo que los niños dicen. La manera más sencilla de hacerlo es dejarlos que pinten con lápices o ceras de colores sobre un papel en blanco.


Nunca debemos decirles lo que tienen que pintar, sencillamente les diremos que dibujen algo. En diez minutos nos daremos cuenta que los niños saben lo que les ocurre; por ejemplo, si hay uno que tiene un tumor cerebral saber perfectamente donde lo tiene y además, siempre está en lo cierto.


Lo único que queda por hacer es comentar el dibujo con ellos y, de repente, nos estarán hablando de la misma manera que hablan consigo mismos.



18.jpg (2698 bytes)Entonces el niño tiene conocimiento de su muerte, ¿cómo lo percibe y vive, según su edad?


Un niño sabe, no conscientemente sino por intuición, cuál será el término de su enfermedad, pero depende también de la actitud de sus padres. Si los padres están aterrorizados ante la idea de la muerte, les transmitirán ese miedo a los niños. En cambio, si
los padres no tienen miedo, ellos tampoco tendrán miedo ante la muerte. Sólo tienen miedo si se les ha explicado consciente o inconscientemente el hecho de la muerte.


Un niño sano de padres sanos sólo tiene miedo del enterramiento porque al verlo en televisión o al vivirlo de cerca, por ejemplo con la muerte de su abuelito, han visto cómo lo metían dentro de una caja que tapaban con clavos y martillos, luego lo introducían dentro de un gran agujero y, por si eso fuera poco, encima le echaban tierra. Esta imagen les hace sufrir mucho y les asusta, sobre todo a los niños de 5, 6 ó 7 años.


Así que para no transmitirles ese miedo debemos explicarles que el abuelo no está ahí sino que se ha ido y está por encima de todo eso.


Os voy a mostrar lo que les enseño a mis niños: como ellos siempre se toman las cosas al pie de la letra, deberéis hacer vuestro propio gusanito de seda. (En este instante muestra un pequeño muñeco de tela a modo de gusano de seda con una cremallera en la parte
inferior que, al abrirla, se da la vuelta y aparece una mariposa). Así, les podréis explicar que cuando el abuelo fue atropellado por el coche, la única cosa que ocurrió es que se rompió el capullo y entonces, apareció la mariposa. Ese es el abuelo de verdad. Lo que enterramos sólo es el capullo, de esta manera, los niños son capaces incluso de echar tierra sobre el ataúd. Este gusanito, que hace un tiempo que viene conmigo, es para niños de dos o tres años pero hay para más mayores. Los hacemos con retales y trozos de tela.


¿Y qué respuesta obtiene del niño con este ejemplo?

El niño lo entiende totalmente. Sólo los adultos se hacen un lío, los niños son mucho más sencillos. De esta manera pueden hablar con el abuelo que anda por ahí.

Por tanto, nunca debemos mentir a los niños, siempre hay que decirles la verdad.

Cuando muere un familiar hay que decírselo de la manera más cariñosa posible. Según la edad utilizaremos un lenguaje distinto. A los niños más pequeños que trato cuando les digo que mamá o el abuelo han muerto, utilizo mi muñeco. De esta manera se convierte en algo más aceptable. Cuando han muerto de cáncer les digo que ya no sufren más. En el caso de la guerra del Vietnam, cuando llegaban los padres muertos pero además mutilados, les contaba que estaban de nuevo completos en un lugar donde hay belleza, humor, paz y amor. Pero el único inconveniente que hay al contarlo es que nosotros debemos creer todo lo que les explicamos. Si, sencillamente, les decimos que está en el cielo y es muy bonito pero no creemos en ello, ningún niño nos creerá. Incluso en esta sencilla cuestión debemos ser totalmente honestos.

 

muerte5.jpg (177578 bytes)

 

En este grabado del siglo XV, el jardín del Edén aparece poblado por almas jóvenes, sanas y atractivas. El muro que se ve al fondo sugiere que el cielo es un lugar exclusivo y comunica una sensación de seguridad después de los temores de la vida.

 

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