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La meditación y la soledad.
La enseñanza no consiste tan sólo en impartir información, sino que es el cultivo de una mente inquisitiva. Una mente así penetrará en el problema de lo que es la religión y no aceptará meramente las religiones establecidas, con sus templos y rituales. La verdadera religión es la búsqueda de Dios, de la verdad o como guste uno llamarlo, y no la simple aceptación de la creencia y el dogma. Igual que el estudiante lava sus dientes todos los días, se baña todos los días, así también tiene que existir la acción de sentarse quietamente con otros o a solas. Esta soledad creativa no puede ser producida por la enseñanza o impulsada por la autoridad externa de la tradición, o inducida por la influencia de aquéllos que desean sentarse quietamente, pero son incapaces de permanecer solos. Esta soledad ayuda a la mente a que se vea con claridad a sí misma como en un espejo y a que se libere del inútil esfuerzo de la ambición con todas sus complejidades, temores y frustraciones, que son el resultado de la actividad egocéntrica. La soledad confiere estabilidad a la mente, le da una constancia que no puede ser medida en términos de tiempo. Esa claridad de la mente es el carácter. La falta de carácter es el estado de contradicción interna. |
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