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La Magia, la razón y los ciclos históricos.

Un somero examen de la historia, en todos sus aspectos, nos convencerá de la veracidad de una de las perogrulladas más cierta de todo el fenómeno histórico: el de que la historia se repite. Los historiadores han llamado a esto los "ciclos históricos": cada equis años, o decenios, o centurias, nos dicen, se reproducen unas mismas condiciones históricas... que abocarán a unos mismos resultados, aunque sea cada vez en un plano más elevado. La historia, pues, no es más que una sucesión de ciclos históricos idénticos, a través de cuya sucesión puede intentar adivinarse lo que ocurrirá en el futuro mediante el examen de las épocas pasadas en las que las circunstancias históricas fueron semejantes a las actuales.

Esto es lo que podemos hacer con respecto a la Magia. Para ello basta ver cuáles son las circunstancias históricas que forman nuestro momento actual. En primer lugar, nuestro tiempo se caracteriza por un exacerbado materialismo: el hombre moderno ha perdido la fe en todo; ha perdido la fe en una religión que sigue sin entender, y que se revela cada vez más insegura sobre sus pasos; ha perdido la fe en una ciencia que puede aniquilarlo -que puede aniquilar a todo el planeta- en cualquier momento y en cuestión de escasos segundos. El hombre moderno ha perdido el sentido y la medida del bien y del mal. Está desorientado. Nada de lo que ve a su alrededor le convence, nada le resulta comprensible. La divulgación dentro de todos los órdenes, ha puesto prácticamente todas las cosas a sus pies... pero no está aún preparado para entenderlas. Así, lo que le rodea, todas esas cosas extrañas y maravillosas, no son para él más que frutos de una nueva magia, una magia civilizada que utiliza brillantes aparatos científicos y que da nombres sonoros y extraños a las cosas, pero magia al fin y al cabo.

El hombre moderno se siente ahogado por el materialismo que le rodea: por la masificación, por la desorientación intelectual y moral. Intenta razonar... pero no hay nada razonable.

Esta situación no es nueva. Volviendo la vista hacia el pasado, encontramos otras circunstancias históricas en las que se reproducen estos mismos condicionamientos. La primera de ellas ocurrió en Gracia y Roma. Los antiguos griegos y romanos llegaron a una situación espiritual muy semejante a la del hombre moderno: no creían ya en sus dioses, se veían invadidos por el materialismo, el razonamiento lógico ya no les servía. La segunda se presentó en plena Edad Media... lo hemos visto en temas como la brujería y la alquimia. El hombre medieval se sentía ahogado por lo que le rodeaba, había perdido la fe en todo. En ambos casos era necesario un cambio.

Y estas dos circunstancias históricas vienen seguidas efectivamente por un profundo cambio... y también por un gran resurgir de la Magia. Es, en cierto modo, una consecuencia lógica. Al perder la fe en la religión y en la razón, necesitamos encontrar algo, un sustituto, que nos siga empujando, que nos permita seguir hacia delante. La Magia, con su irracionalidad, no necesita de la ciencia ni de la religión. Entonces, el hombre se aboca a la Magia, porque es el único camino que le queda y en el que aún puede creer.

Y esta magia va a buscarse siempre en Oriente. Grecia y Roma toman su magia de Caldea, el Renacimiento basa su Magia en los libros orientales rescatados por los árabes y los judíos.

Ahora, hay en todo el mundo una intensa corriente de orientalismo. El hinduismo, el budismo, las doctrinas Zen, los Yogas, están ganando en Occidente adeptos día a día. Y todas estas doctrinas tienen un patente fondo mágico...

Se está preparando, pues, un nuevo Renacimiento de la Magia. En realidad, lo tenemos ya aquí. "La Magia ha muerto", nos dicen en forma muy ortodoxa algunos autores. Nada hay más lejos de la verdad que esto. Nunca, en estos últimos siglos, se había demostrado un interés tan palpable acerca de todas las cuestiones mágicas. Existe una enorme curiosidad por conocer más a fondo todos estos temas: los libros sobre Magia se venden en todo el mundo por millones de ejemplares, las doctrinas orientales ganan adeptos día a día, los Centros y congregaciones se multiplican. El mundo, falto de una ciencia y de una religión en las que poder creer, cree cada vez más en la Magia.

Sí; nunca, como hasta ahora, la Magia había conocido un tan grande interés. Se está preparando, si podemos llamarlo así, un nuevo Renacimiento.

Pero antes será preciso destruir completamente los valores que existen actualmente y sustituirlos por otros de nuevos. Esto es algo que ha sucedido antes, y que ahora está sucediendo ya.

Sí: este resurgir, esta Era Mágica que nos aguarda en el futuro, se verá precedida, como se vio precedida en los anteriores ciclos históricos, por una época de transformaciones e incluso de barbarismo. Es necesario que ocurra así, para destruir todo lo que debe ser destruido y volver a empezar de nuevo. Tal vez serán necesarios aún muchos años, pero el camino ya está iniciado.

 

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