Madres e hijas.

 

Muchos puntos de vista populares respecto al carácter conflictivo de las relaciones entre madres e hijas son inexactos. Aunque, en la adolescencia de la hija surgen conflictos en las relaciones, éstas cambian mucho a medida que se hace mayor y va atravesando las sucesivas etapas de la vida. Los conflictos pronto dan paso a una creciente proximidad, mayor empatía y comprensión mutua. La relación entre la madre y la hija adulta es remuneradora e íntima; madres e hijas se ayudan y cuidan mutuamente. Así, en vez de ser enemigas entre sí, pueden contribuir de manera positiva al bienestar psicológico de cada una.

 

 

 

 

 

 

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