La Libertad.
La libertad es el auténtico ver, la clara introspección en toda situación que nos suceda. En el instante en que nos sentimos guiados por algo y no tenemos equilibrio, si examinamos esta situación veremos como nace la emoción y como nos domina. Así alcanzaremos consciencia sobre ella, lo que nos dará libertad y nos indicará la forma de proceder. El ruido está en nosotros, no en el mundo exterior: pensamientos, emociones, recuerdos. Y como tenemos ideas preconcebidas reaccionamos de acuerdo a nuestra mente condicionada. Nuestra mente no es libre y una mente así no puede ver la verdad. La mente está tan llena que se confunde y complica las cosas. Al no ser sencillos en nuestro interior, no somos libres. La sencillez viene con la libertad y la humildad. No somos humildes si tenemos la sensación de que poseemos algo o alguien, pues entonces tenemos que actuar de acuerdo con la imagen que tenemos, proyectando esta imagen en nuestros actos y comportamientos.
Debemos ser libres para observar, contemplar nuestras actividades, sentimientos, actitudes, todo lo que hay dentro de nosotros. La purificación es una forma de transformación que surge en el proceso de consciencia permanente o durante el mecanismo de constante observación. No podemos esperar que la libertad nazca sin hacer nada, pero no hemos de hacer nada con el fin de alcanzar la libertad. Si hacemos algo con la esperanza de obtener un resultado ello trae consigo la decepción, la infelicidad, la tristeza y la pena. Se dice que actuamos teniendo fines, pero cuando actuamos realmente, somos realmente libres. No necesitamos la esperanza de la libertad, ésta se presenta. Ésta es la vía de la meditación. Podemos empezar aquí e ir un poco más al fondo, encontraremos tiempo para sentarnos tranquilamente y ver como reaccionamos al estar en silencio, al estar completamente solos. Esta es la cuestión central de la vida.
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