Cuando el azúcar llega a la
boca acompańado de una fécula, la saliva segregada durante la masticación
no contiene ptialina, lo cual sabotea la digestión de la fécula antes de que
alcance el estómago. Además, esta combinación impide que el azúcar pase más
allá del estómago hasta que termina la digestión de la fécula, provocando
así fermentación. Los subproductos de la fermentación del azúcar son ácidos,
cosa que aún inhibe más la digestión de las féculas, que necesitan un medio
alcalino.
El pan (fécula) con
mantequilla (grasa) es una combinación perfectamente compatible, pero
cuando se le ańade una cucharada de miel o mermelada se están introduciendo
azúcares en la mezcla, y eso perjudica la digestión de la fécula contenida
en el pan. El mismo principio se aplica a los cereales del desayuno
endulzados con azúcar, a los pasteles muy azucarados, las tartas dulces y
demás.
Tenemos que ingerir féculas y
azúcares por separado.