LAS ENFERMEDADES INFECCIOSAS

La mayoría de las defunciones por enfermedades infecciosas -casi el 90%- están provocadas sólo por unas pocas de enfermedades. La mayoría de ellas han sido azotes de la humanidad a lo largo de toda su historia, causando con frecuencia estragos en las poblaciones con más eficacia que las guerras. En la edad de las vacunas, los antibióticos y los sorprendentes progresos científicos, esas enfermedades deberían estar bajo control. Sin embargo, hoy en día siguen causando muertes a un ritmo alarmante en los países subdesarrollados.

No más de seis enfermedades infecciosas mortales -la neumonía, la tuberculosis, las enfermedades diarreicas, el paludismo, el sarampión y más recientemente el VIH/SIDA- provocan más de la mitad de todas las defunciones prematuras, causando sobre todo la muerte de niños y adultos jóvenes.

Cada tres segundos muere un niño pobre, en la gran mayoría de los casos por una enfermedad infecciosa. En algunos países, uno de cada cinco niños fallece antes de cumplir cinco años. Cada día mueren miles de personas a causa de estas enfermedades. Tras esas muertes se halla siempre una tragedia humana. Como esas enfermedades afectan sobre todo a los niños pequeños y a los adultos que ganan el sustento, su efecto en las familias puede ser catastrófico. Los niños pueden perder al padre, a la madre o a ambos a causa de las enfermedades infecciosas.

Millones de niños son huérfanos a causa de estas enfermedades. Para empeorar la situación, las familias corren el riesgo de endeudarse por la pérdida de ingresos y por el alto costo de la atención médica y de las medicinas –cuando pueden acceder a ellas-, entrando así en el círculo vicioso de la pobreza y la mala salud.

 

Las enfermedades respiratorias.

Las infecciones respiratorias agudas –IRA- son responsables de numerosas defunciones. La neumonía, la IRA más mortal, provoca la muerte de más niños que cualquier otra enfermedad infecciosa. La mayoría de esas defunciones -el 99%- se producen en los países subdesarrollados. Sin embargo, en los países industrializados son raras las defunciones infantiles por neumonía.


La neumonía afecta a menudo a los niños con insuficiencia ponderal al nacer o a aquellos con sistemas inmunitarios debilitados por malnutrición u otras enfermedades. Sin tratamiento, la neumonía produce la muerte con rapidez.


El virus gripal es otra causa de neumonía. Se dispone de muy escasa información sobre el número de muertes por gripe en los países subdesarrollados. Sin embargo, sólo en los Estados Unidos la enfermedad produce la muerte de 10.000 a 40.000 personas en una temporada media de gripe.

 

El VIH/SIDA.

En todo el mundo más de 33 millones de personas viven con el VIH/SIDA. Todavía no existe curación a la vista. El África Subsahariana es la parte más afectada. En algunos países, hasta uno de cada cuatro adultos viven ahora con el VIH/SIDA. En algunas zonas, la mitad de las mujeres embarazadas están infectadas por el VIH y existe el riesgo de que infecten a sus hijos. Un número creciente de defunciones maternas se deben ahora a infecciones contraídas por mujeres VIH-positivas en el curso del parto. En muchos países, la esperanza de vida y las tasas de supervivencia infantil han caído en picado. Por ejemplo, en algunas zonas la esperanza de vida al nacer ha descendido de 70 a unos 50 años.

 

Las enfermedades diarreicas.

Los datos son escalofriantes. Ha habido más niños fallecidos por enfermedades diarreicas vinculadas a la calidad del agua en los años 90 que personas perecidas en conflictos armados desde la segunda guerra mundial. Las enfermedades diarreicas provocan la muerte de casi dos millones de niños menores de cinco años cada año. Están tan extendidas en los países subdesarrollados que los padres no reconocen a menudo los signos de peligro. Los niños mueren simplemente porque sus organismos están a menudo debilitados por la rápida pérdida de líquidos y se encuentran mal nutridos por la falta de alimentos.

Las enfermedades diarreicas imponen una pesada carga a los países subdesarrollados, produciendo 1.500 millones de casos de enfermedad al año en los niños menores de cinco años. La carga alcanza su nivel máximo en las zonas más pobres, en donde el saneamiento es escaso, la higiene es insuficiente y el agua que beben no es potable.


En ciertos países subdesarrollados, epidemias de enfermedades diarreicas tales como el cólera y la disentería afectan tanto a los adultos como a los niños. Entre otras enfermedades diarreicas importantes figuran la fiebre tifoidea y la rotavirosis, que es la principal causa de diarrea deshidratante grave entre los niños.

 

La Tuberculosis.

La tuberculosis, enfermedad que se pensaba que ya estaba controlada, ha reaparecido con saña produciendo millones de defunciones al año. Incluso en la actualidad es más mortal porque se combina en muchas ocasiones con el VIH/SIDA. Aproximadamente dos mil millones de personas, la tercera parte de la población mundial, presentan una infección tuberculosa latente. Constituyen en conjunto una enorme reserva potencial de la enfermedad. La tuberculosis produce más muertes de adolescentes y de adultos que cualquier otra enfermedad infecciosa. Es también una destacada causa de mortalidad en las mujeres.

Para empeorar la situación, la infección por el VIH debilita el sistema inmunitario y puede activar la infección por tuberculosis latente. También se cree que el SIDA multiplica el riesgo de infección inicial por tuberculosis. Actualmente, la tercera parte aproximadamente de todas las defunciones por SIDA son producidas por la tuberculosis.

 

El Paludismo.


El paludismo produce la muerte de más de un millón de personas al año, la mayoría de ellas niños pequeños. La mayor parte de las defunciones por paludismo se producen en el África Subsahariana, en donde el paludismo provoca una de cada cinco defunciones infantiles. Las mujeres son especialmente vulnerables en el curso del embarazo. Tienen más probabilidades que mueran por la enfermedad, sufran abortos o den a luz niños prematuros y afectos de insuficiencia ponderal.

El paludismo puede arrollar con rapidez a un niño pequeño produciéndole fiebre alta, convulsiones y dificultades respiratorias. Si se inicia el paludismo cerebral, forma aguda de la enfermedad, el niño entra en coma y puede fallecer en 24 horas.

La alta incidencia de los casos de paludismo -más de 275 millones al año en todo el mundo- puede imponer una elevada carga económica a las familias y a los Estados por la disminución de la productividad, la pérdida de posibilidades educativas y los altos costos de la atención de la salud.

 

El sarampión.

El sarampión es la enfermedad más contagiosa de la especie humana. Es una importante causa de mortalidad infantil en los países subdesarrollados, provocando unas 900.000 defunciones al año. El virus del sarampión puede en definitiva ser responsable de más defunciones infantiles que cualquier otro microbio, debido a las complicaciones por neumonía, enfermedades diarreicas y malnutrición.

 

 

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