ENCONTRARSE A UNO MISMO

Para vivir espiritualmente, para ver las cosas como son, dentro y fuera de uno mismo, y obrar adecuadamente, se requieren el coraje y la madurez de autoconocerse. Y este autoconocimiento es encuentro con uno mismo. Con intrepidez, energía y ecuanimidad el ser humano tiene que explorar su interioridad y ver cara a cara sus mentiras y autoengaños, sus celos y temores, sus apegos y aversiones. Cuando una persona ve y toma consciencia de su realidad procede con madurez y responsabilidad.

Muchas personas llenan sus vidas con toda clase de actividades, y muchas son las que se sirven de esas actividades para huir de sí mismas. La hiperactividad es un escape muy frecuente en nuestra sociedad. Entonces se entrega uno tanto a la actividad que así no hay lugar para entregarse al conocimiento de sí mismo. Es un ardid que también sirve para enmascarar problemas internos y externos, para no mirar en uno mismo y no enfrentar circunstancias vitales de otro orden. Pero aquello de lo que se huye no desaparece ni se debilita, sino que, por el contrario, se fortalece.

La propia energía debería encauzarse sabia y consistentemente hacia el encuentro con uno mismo. Sólo así se pueden resolver situaciones internas y externas que nadie puede resolver por nosotros. Al irnos encontrando, nos iremos conociendo, y mediante el autoconocimiento comenzaremos a obrar apropiadamente. Si nos ocultamos nuestra propia esencia nos habremos convertido en nuestro peor enemigo y habremos desaprovechado la oportunidad de esta vida para ser conscientes y obrar adecuadamente.

 

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