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Siervos y dueños.
Pero sí es posible en un aspecto. La actitud con respecto al diablo puede adquirir dos formas. El hombre puede o someterse al diablo o dominarlo. Si el hombre tiene verdadera voluntad, si es fuerte, se impondrá al diablo y lo dominará; si es débil, sencillamente lo adorará y se convertirá en su siervo, esperando conseguir así algún favor. Siervo o dueño: he aquí la gran diferencia. El verdadero mago nunca se convertirá en siervo del diablo; el falso, sí. Por lo tanto, poca magia hallaremos en el culto de los adoradores del diablo, salvo algunos pocos atisbos tomados de aquí y de allá. Es, usando la tantas veces mencionada comparación, el cascarón vacío de la magia, desprovisto de todo su contenido. De todos modos, su examen es siempre interesante, porque nos permitirá situarnos en nuestro justo lugar. Vamos a ver pues la legión de los siervos del diablo... de los adoradores del macho cabrío.
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