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DIOS ES EL PROTOTIPO DE TODAS LAS FIGURAS HUMANAS

 

Todas las cualidades que podamos descubrir proceden, son expresión actual, de Dios. es como si Dios fuera un campo infinito de cualidades que al expresarse, lo hicieran de un modo especializado.

 

Dios es el Padre.

Vemos ya como Jesús hablaba de Dios dándole este nombre. No solamente es la fuente, el origen, "padre" de todo cuanto existe, sino que personifica la función de padre, en el sentido humano de llevar la iniciativa, de proteger, de tutelar, ejercer la autoridad tanto en la familia como en el grupo, en la nación o en la tribu. Esta noción de Padre, y toda forma natural que adopte, procede algo que existe en Dios. Por lo tanto, podemos decir que Dios, dentro de su insondable riqueza, es el Padre, el Padre perfecto, el poseedor de todas las características positivas de la noción de padre, sin limitaciones. Una voluntad personal de mantener, dirigir, tutelar, amar.

 

Dios es Madre.

Todas las cualidades positivas que observamos en cualquier madre son expresión de una cualidad o atributo esencial en Dios. El sentido de dar forma, de alimentar, de proteger, de velar por el desarrollo de la forma, por el bienestar interior, todo ese sentido básico de la madre procede, está procediendo, de Dios. Dios es la madre perfecta, con toda la gama de cualidades que soñaríamos en la madre más ideal.

La Divinidad es Poder, y su poder de expresión, de manifestación, es la parte femenina, es decir, aquello que permite expresar y dar formas concretas. Los católicos dicen de la Virgen María que es la medianera de todas las gracias. En ello existe una intuición profunda de que Dios es también este aspecto formativo de todo lo que existe, como naturaleza y como personas.

 

Dios es el amigo.

El amigo corresponde a esta relación del hombre adulto que siente la necesidad de completar sus cualidades con lo que le falta, con todo lo que no ha actualizado en su interior. El amigo es la persona que complementa, que enriquece, el modo de ser de cada uno, es lo que le falta a uno para ser del todo. Y esas cualidades que buscamos en el amigo, esa comprensión, esa aceptación, esta posibilidad de compenetración, de intercambio, de comunión, todo esto es expresión de Dios. Dios es el amigo, el amigo perfecto.

 

Dios es también el hijo, la esposa, el amante, todas las figuras positivas. En cada momento de nuestra vida tenemos una demanda particular de Dios, que es la expresión hacia el Absoluto de nuestro modo personal de ser aquí y ahora.

Debemos poder situarnos de un modo muy concreto ante la realidad de Dios. Y no como un objeto de conocimiento teórico, sino como nuestro modo personal de situarnos en relación con ese Ser Total.

Puede ocurrir que estemos en una fase donde busquemos al padre, debido a problemas psicológicos que no hemos liquidado, que estemos buscando esa figura protectora, fuerte, sabia, que nos comprende y nos ayuda. Y, si tenemos en nuestro interior este problema, debemos poder relacionarnos con Dios en tanto que Padre. Puede ser que necesitemos la forma de Madre, es posible que en nuestro interior hayan quedado aspectos de nuestra relación con la figura femenina, con la madre, que estén sin resolver, que no hayan madurado, y entonces podemos tener un resentimiento, o un apego, que serán según los casos muy fuertes, hacia la figura femenina.

Esto, por supuesto, se solucionará a través de una evolución psicológica. Pero de momento sólo seremos sinceros cuando vivamos la realidad tal y como somos, y en este caso estamos buscando a la madre perfecta. Por lo tanto, debemos poder dirigirnos a Dios como madre perfecta, y tener con él la relación espontánea que tendría con la madre realmente perfecta. Pues este es nuestro Dios, porque éste es el Dios real de mi subconsciente.

Quizás cuando lleguemos a resolver, a madurar, nuestra problemática interior, descubriremos otras facetas que estarán más de acuerdo con nuestra capacidad de comprensión o nuestra demanda de aquel momento.

Todos nuestros problemas y situaciones conflictivas pueden conducir más allá de sí mismas, pueden madurar si aprendemos a tener esa actitud personal con Dios. Lo que ocurre es que escondemos nuestro problema, y luego éste va saliendo, en circuito cerrado, sin llegar al consciente, durante toda la vida. Y así cada uno/a está representando un personaje de forma inconsciente, sin darse cuenta.

Las personas han de llegar a una maduración y, para que las cosas maduren se les debe dar su curso. Entonces, cuando esto último no es posible, porque lo impiden las circunstancias concretas, podemos darles curso a través de este prototipo ideal que es la forma en que Dios, el Ser Total, aparece dentro de mi campo de consciencia parcial.

Y esto es correcto y además corresponde objetivamente  una realidad de Dios, es decir, que no se trata sólo de una proyección de mis problemas, sino que Dios corresponde objetivamente a esta forma.

Hasta que nosotros no podemos tener esta relación íntima, personal con Dios, diremos "Sí, creo en dios", pero Dios será para nosotros una idea, no será la realidad viviente detrás de mi propia consciencia de ser. No podremos relacionarnos con Él de un modo íntimo, auténtico. Estaré convirtiendo a Dios en un objeto de mis idea o creencias, pero no una realidad viviente.

Orar es, pues, este relacionarnos de persona a persona, de corazón a corazón.

 

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