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Una dificultad para la práctica.
Para el practicante occidental, un grave obstáculo que hay que tratar es la
convicción, profundamente enraizada, de que la sexualidad es algo malo y
degradante. Aunque ello pueda ser cierto en para alguien que no sepa lo que
es amor, se trata de una actitud de la que hay que ser consciente poder
practicar la sexualidad trascendente. Si aquellos en quien más confiamos nos
han dicho toda la vida que debemos elegir entre ser espiritual o sexual,
amar a Dios o a la carne, descubrir que esta elección no es necesaria puede
significar una gran liberación.
Casi todas las sectas y religiones miran con desconfianza todo lo
relacionado con esta clase de sexualidad superior, pues en ella se utiliza
la unión sexual como vehículo para la ensanchar la consciencia. Esto ha
forzado a las personas que poseían estos conocimientos a preservarlos
escondidos y mantener sus técnicas en secreto durante cientos de años.
Debido a las muchas fuerzas que tratan de inhibir las expresiones sexuales,
se necesita mucho coraje y mucha dedicación para tener este punto de vista
de la sexualidad. Aunque de hecho, a las personas autoritarias
nunca les será posible liberarse mediante la represión de su impulso
sexual. El tratar de suprimir el sexo crea una obsesión. En nuestra
sociedad nos asusta penetrar en la sexualidad, y esa energía sin expresar
se convierte en neurosis y violencia. Ella nos esclaviza, a pesar de que no
nos permitirnos disfrutarla el hambre sexual jamás se satisface. El
verdadero celibato sólo puede realizarse cuando el ser humano posee una
verdadera experiencia sexual; sólo entonces, en un estado profundo de amor,
trasciende la sexualidad.
El amor es la verdadera esencia del ser humano y, sin embargo, muy pocas
veces se manifiesta. La civilización ha prohibido la expresión del amor al
condenar la sexualidad. El ser humano espiritual debe romper el molde y
desafiar ese precepto ético, porque el sexo es el camino por el que llegamos
a conocer el amor.
El amor es energía sexual transformada. Para conocer la verdad elemental
del amor, tenemos primero que conocer y aceptar la divinidad del sexo, y
aprender a respetarlo a través de los sentidos, a través de nuestro propio
cuerpo físico. Cuanto más aceptemos el sexo, más libre nos veremos de él. La
aceptación total y entrega consciente a las energías naturales encamina
hacia las más sublimes experiencias.

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