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La depresión: ¿cómo tratarla?

Las causas de la depresión son las circunstancias que ocurren en la vida de los mayores, diversos factores de índole físico, biológico, psicológico, social y cultural. En ellos se produce una progresiva pérdida de las funciones física, intelectual y cognitiva. También hay que añadir el contacto cercano con la muerte y los procesos de elaboración de duelo, enfrentamiento con la proximidad de la propia muerte, jubilación y sus implicaciones con la valoración personal. Suelen existir problemas de carencia asociados con la vejez, soledad, vivienda, circunstancias económicas, etc. e internamientos en Instituciones Geriátricas y Asistenciales.

Ciertos estudios han demostrado que todo esto trae asociado que las tasas de mortalidad tienen una íntima relación con la depresión y su desarrollo. El máximo exponente lo constituye el suicidio, cuya frecuencia es mayor en el anciano que en cualquier otra edad. Desde esta perspectiva, la depresión es uno de los fenómenos más estudiados por psicólogos y psiquiatras.

En esta etapa de la vida es necesario un entorno familiar apropiado y una adecuada formación espiritual (similar a la que impartimos en nuestros seminarios y que puedes encontrar en este espacio Web). Ni siquiera la psicoterapia en la vejez es considerada como tendría que serlo; existen resistencias de los profesionales e incluso de los mismos ancianos. Lamentablemente se sigue prefiriendo la terapia farmacológica, ya que parece más rápida en sus efectos, pero este tratamiento debería aplicarse en última instancia y cuando en realidad ya no hay más remedio.

Freud decía que en las personas mayores de cincuenta años el yo pierde su plasticidad. Esto actualmente, debido a los resultados significativos que se han obtenido, no es compartido por un gran número de profesionales. Incluso algunos piensan que se equivocó al hacer esta declaración (1904), porque deseaba demostrar los beneficios de su técnica, el psicoanálisis. En la vida cotidiana surge, no obstante, la contradicción, ya que en su práctica privada aparecen escritos que se refieren a personas que superaban esa edad, entre ellos él mismo.

La rigidez fue investigada por especialistas en Psicología Social y Cognitiva; aunque algunas personas se vuelven rígidas con el paso de los años, no parece ser este un rasgo normativo. La tesis de Freud sólo puede aceptarse como una posibilidad.

Por otra parte, la depresión en la tercera edad está relacionada con la pérdida de la autoestima, que se relaciona por la incapacidad de satisfacer necesidades e impulsos. Los antecedentes de la depresión tienen su base en heridas narcisísticas, precipitadas por pérdidas tanto internas como externas". ¿Sería posible la readaptación un anciano a través de un trato adecuado, de amor y de una enseñanza verdaderamente espiritual?

A pesar de la limitación de las técnicas de psicoterapia y psicoanálisis, existe la posibilidad del tratamiento con ellas, pues son numerosos los casos actuales que tienen éxito. "Los casos de los viejos en los cuales fracasó el tratamiento psicoanalítico son los mismos en los cuales fracasarían aunque fueran jóvenes".

Evidentemente, el terapeuta que realice la función, deberá enfrentarse con la transferencia y contratransferencia que se producirá en el análisis; saber lidiar con las múltiples heridas narcisísticas ante su propio envejecimiento y muerte.

La culpabilidad frente a los celos y agresiones del paciente, ante su juventud, pueden generar rechazo y sentimientos hostiles, o lo contrario, excesiva comprensión y bondad, que atentarían contra el logro exitoso del tratamiento.

De todas formas, un entorno familiar apropiado y una formación espiritual adecuada (además del tratamiento psicológico y farmacológico, cuado estos extremos se requieran) harían mucho bien a las personas en su vida, y también sería el remedio para prevenir los casos de suicidio, tan frecuentes en la tercera edad.

 

 

 

 

 

 

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