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Los adoradores del diablo

Sin título67.jpg (22094 bytes)" Digamos muy alto -dice Eliphas Levi- que Satán, como personalidad superior y como potencia, no existe."

En efecto, nos señala el gran teórico de la magia al hablar de todo lo que concierne a la demonología: si puede definirse a Dios como "aquel que existe", ¿ no ha de definirse, por analogía, a su enemigo y antagonista como " aquel que necesariamente no ha de existir" ? La afirmación absoluta del bien implica en sí misma la negación absoluta del mal. Si el infierno es una justicia, se convierte necesariamente en un bien. El demonio, por lo tanto, como elemento puro del mal, sencillamente no puede existir.

Sin embargo, miles, millones de seres humanos, a través de muchos siglos de historia, lo han adorado y le han dedicado lo mejor de sus vidas. La Iglesia católica ha llegado a temblar ante el poder de su imagen, y lo ha rechazado por la fuerza ya que no podía por las palabras. Aún hoy en día, en nuestro supercivilizado, supercientífico y superracionalista final de siglo XX, se sigue creyendo en él, se le sigue temiendo... y se le sigue también adorando.

Ya hemos dicho al hablar de él que el diablo, en su forma clásica, es una creación enteramente cristiana. El culto al diablo, por lo tanto, surge también como una reacción al cristianismo.

Tenemos pues, dos conceptos que habría que separar, pero que están tan íntimamente ligados que es imposible hacerlo. Para el mago "puro" no existe el diablo en su concepción tradicional: existen únicamente las fuerzas, los espíritus, que pueden ser algunas veces agresivos o maléficos, en cuyo caso es posible una identificación con este diablo. Pero nos hallamos con el hecho de que, al igual que la Magia general ha adoptado toda la simbología hebrea e incluso su alfabeto, la Magia negra ha hecho lo mismo con respecto al demonio, y como el cristianismo tuvo sus orígenes precisamente con el pueblo hebreo, resulta que, necesariamente, ambos conceptos se confunden. El demonio, por lo tanto, incluso el inexistente demonio mágico, será siempre exteriormente el Diablo cristiano, aunque interiormente lo asimilemos después a cualquier otra cosa.

 

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