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LA CONTEMPLACIÓN

La oración es contemplación, y es un regalo y un don de Dios. Vivir en contemplación coloca al ser humano en la otra orilla, más allá de lo que la persona ordinaria puede vislumbrar. Significa salir de la rutina y recobrar la frescura de la vida de quien lo encuentra todo nuevo. Es vivir en cada momento todo lo que nos rodea como nuevo, puro y sencillo, morir al instante pasado y abrirnos al ahora presente descubriendo que Dios nos habla en el lenguaje de toda la Creación.

Contemplación es vivir descubriendo a Dios en cada instante, en todas las cosas y en todas las personas. Es sentir su presencia en cada momento del día; es un recuerdo vivo y presente del Dios que nos alimenta y da vida. Es amar a Dios en todas las cosas y a todas en Él. Dios se ha materializado en el sol que Él mismo hace salir, en las montañas, en el amor de una madre y en el cariño de los esposos. Por todos los poros de la realidad se rezuma la presencia viva de Dios. Todo está hecho de Dios.

Dios es Unidad, y quien abre sus puertas a Dios se encamina hacia la Unidad. Contemplación es descubrir a Dios en todo, es saberse siempre en Dios y sentirse envuelto en Dios como en el aire que respiramos, como en el mar en el que nos sumergimos. Los contemplativos siempre se sienten respirando a Dios, por dentro y por fuera. Contemplar es también recogernos hacia nuestro propio interior, sumergirnos en la mayor profundidad de nosotros mismos y allí encontrarnos con Dios, con el abismo de la Vida.

Con una mirada consciente, serena y silenciosa, sin pretender nada ni buscar nada, se despierta la mirada contemplativa del corazón, pues la verdadera contemplación significa ver la verdad, la propia realidad, y obrar adecuadamente. La vida contemplativa no es una vocación exclusiva para algunas personas escogidas y selectas, sino que es la llamada más profunda y verdadera que toda persona lleva dentro de su ser. La contemplación es la misma esencia de nuestra naturaleza profunda, la realización de todas las dimensiones de nuestro ser y la apertura plena y definitiva a Dios.

 

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