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CONSERVAR EL SEMEN

La conservación del semen se halla en el mismo corazón del conocimiento que nos desvela la alquimia sexual. Es un arte que consiste en suprimir las emisiones, absorber los fluidos de la mujer y hacer transmutar la energía del semen para que fortalezca el cerebro, permitiendo la salud, la longevidad y el adelanto espiritual.

Los hombres, por tanto, deben atesorar y conservar su semen durante el coito. Si por flaqueza o error en la práctica lo emiten, deben de compensar esta pérdida con la absorción de la esencia y de las secreciones femeninas. Por eso las eyaculaciones debidas a la masturbación o a las relaciones homosexuales se consideran especialmente nocivas para la esencia y la energía masculina.

Muchos hombres que lean esto deben de estar preguntándose: - ¿Qué placer puede haber en las relaciones sexuales sin eyaculación? En general, se supone que el hombre obtiene un gran placer con la eyaculación. Pero cuando aprende la alquimia sexual, cada vez eyacula menos y menos. Pero esto no mengua su place En absoluto.

Tras eyacular, el hombre se siente cansado, le zumban los oídos, los párpados le pesan y anhela dormir. Suele tener sed y sus extremidades están débiles y agarrotadas. Al eyacular disfruta de un breve instante de sensación, pero luego ha de sufrir largas horas de fatiga como resultado. ¡Eso no es auténtico placer!

Sin embargo, si el hombre no eyacula y retiene su semen, su cuerpo se fortale­cerá, su mente estará clara y su vista y su oído se agudizarán. Aunque el hombre deba ocasionalmente negarse la fugaz sensación de la eyaculación, el amor que siente por su mujer aumentará en gran manera. Se sentirá como si jamás pudiera saciarse de ella, ¿No es éste acaso el auténtico y duradero placer de la sexualidad?

El hombre que gracias al control de la eyaculación mantenga unos nive­les constantemente altos de testosterona, espermatozoides, semen y de las esencias masculinas experimentará un abrumador incremento del amor y el afecto que siente por su pareja. Además, obtendrá también la capacidad de actuar según estos impulsos amorosos una y otra vez.

Esto no tiene ni punto de comparación con la inmadura actitud del hombre en general. Al comer, el primer bocado es el más sabroso; la primera ración, la más apetitosa. La tercera ración de tarta de fresa ya no sabe tan bien como la primera. Del mismo modo, la tercera copulación de la noche es más para el libro de récords que para el disfrute de los participantes. En este tipo de sexualidad normal no se tienen en cuenta los sentimientos ni el punto de vista de la mujer, para quien una tercera ronda no representa ningún esfuerzo y que, como el agua que se calienta lentamente sobre un fuego hasta que rompe a hervir, aún sigue “con ganas” después de las dos primeras rondas. Al hombre que la alquimia sexual siempre le apetece “una tercera ración de tarta de fresa”.

 

 

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