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Sentirse uno con la vida entera.

La segunda condición consiste en sentirse como miembro integrante de la vida entera. Su cumplimiento abarca mucho, pero cada uno sólo puede realizarlo a su propia manera. Si soy, por ejemplo, pedagogo, y mi alumno no responde a lo que de él espero, no dirigiré mi resentimiento contra él, sin que, en toda consciencia, me preguntaré: "Lo insuficiente que observo en el alumno ¿no será acaso consecuencia de mi propio proceder?" Y procederé en consecuencia. Partiendo de esta actitud interior, cambiará poco a poco todo el modo de pensar del hombre, tanto en las cosas más pequeñas como en las más importantes.

Con esta forma de pensar, considero, por ejemplo, a un criminal; Me abstengo de formular un juicio y me digo: "No soy yo sino hombre o mujer como él. Posiblemente sólo la educación con que las circunstancias me favorecieron, me ha salvado de un destino como el suyo". Y muy bien puedo llegar a pensar que ese hermano mío hubiera llegado a ser otro hombre, si los maestros que se empeñaron en educarme a mí, lo hubieran hecho con él. Reflexionaré que he gozado de un beneficio que a él le fue negado, y que lo que tengo de bueno lo debo precisamente al hecho de que a él le ha sido negado. Así estaré a un paso de comprender la realidad de que no soy sino miembro integrante de la humanidad entera, y que comparto la responsabilidad por todo lo que acontece.

Con esto no se quiere decir que tal pensamiento tenga que traducirse inmediatamente en externas acciones agitadoras, pero debe cultivarse en lo íntimo del alma, y así, lentamente, se perfilará en la conducta exterior del discípulo. Para lograrlo, es preciso que cada cual empiece a transformarse a sí mismo. De nada sirve formular, en sentido de esas ideas, exigencias generales a la humanidad. Es fácil dictaminar sobre cómo debieran ser los hombres, pero el discípulo trabaja en lo profundo, no en la superficie.

Por lo tanto, sería del todo equivocado relacionar estas instrucciones del enseñante de lo oculto, con alguna exigencia externa, menos aún de carácter político, con la que la enseñanza oculta no tiene nada que ver. Generalmente, los agitadores, políticos "saben" lo que se debe "exigir" de los demás, pero no hablan de lo que ellos mismos deberían exigirse.

 

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