Sentirse uno con la vida entera.
Con esta forma de pensar, considero, por ejemplo, a un criminal; Me abstengo de formular un juicio y me digo: "No soy yo sino hombre o mujer como él. Posiblemente sólo la educación con que las circunstancias me favorecieron, me ha salvado de un destino como el suyo". Y muy bien puedo llegar a pensar que ese hermano mío hubiera llegado a ser otro hombre, si los maestros que se empeñaron en educarme a mí, lo hubieran hecho con él. Reflexionaré que he gozado de un beneficio que a él le fue negado, y que lo que tengo de bueno lo debo precisamente al hecho de que a él le ha sido negado. Así estaré a un paso de comprender la realidad de que no soy sino miembro integrante de la humanidad entera, y que comparto la responsabilidad por todo lo que acontece. Con esto no se quiere decir que tal pensamiento tenga que traducirse inmediatamente en externas acciones agitadoras, pero debe cultivarse en lo íntimo del alma, y así, lentamente, se perfilará en la conducta exterior del discípulo. Para lograrlo, es preciso que cada cual empiece a transformarse a sí mismo. De nada sirve formular, en sentido de esas ideas, exigencias generales a la humanidad. Es fácil dictaminar sobre cómo debieran ser los hombres, pero el discípulo trabaja en lo profundo, no en la superficie. Por lo tanto, sería del todo equivocado relacionar estas instrucciones del enseñante de lo oculto, con alguna exigencia externa, menos aún de carácter político, con la que la enseñanza oculta no tiene nada que ver. Generalmente, los agitadores, políticos "saben" lo que se debe "exigir" de los demás, pero no hablan de lo que ellos mismos deberían exigirse. |
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