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Antes de empezar sería interesante aclarar
que debemos distinguir entre el sentimiento de compasión y la práctica de
la Compasión. El sentimiento de la compasión es sinónimo del sentimiento de simpatía.
Lo que recomiendo, más bien, es la práctica continuada y deliberada de la Compasión.
No es posible forzarse a uno mismo a sentir
lo que no siente. Es posible, no obstante, cambiar ciertos hábitos de pensamiento. Cuando
cambian nuestros hábitos de pensamiento, también cambian nuestros sentimientos, sin
esfuerzo, y lo mismo sucede con nuestra conducta. Dedicaré este escrito al modo de
cambiar los hábitos de pensamiento para que sean más compasivos.
El cambio de los hábitos de pensamiento es
un proceso de cuatro pasos. El primer paso es identificar los pensamientos habituales que
deben cambiarse. El segundo paso es formular pensamientos nuevos para que ocupen el lugar
de los anteriores. El tercer paso es sustituir de manera continuada los pensamientos
antiguos y no deseados por los nuevos y deseados mientras seguimos viviendo nuestra vida
normalmente. El paso cuarto es hacer el esfuerzo de comportarse de modos que concuerden
con los pensamientos nuevos. (El pensamiento cambia la conducta, pero la conducta puede
cambiar también el pensamiento.) Añado un quinto paso para la práctica de la
Compasión: represente la Compasión con una sonrisa, cuando pueda hacerlo con sinceridad
y sintiéndose a gusto.
Quizás al cabo de un día, quizás al cabo
de diez años, los pensamientos nuevos, compasivos, empezarán a hacerse habituales y los
pensamientos antiguos, no compasivos, se volverán menos frecuentes. El tiempo que tarde
usted dependerá en parte de su carácter, en parte de sus circunstancias y en parte de lo
mucho o poco que desee ser compasivo. Dado que el deseo de Más es instintivo e
implacable, el proceso debe ser renovado continuamente. Considere que tendrá que trabajar
en ello durante el resto de su vida.
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