La Página de la Vida / www.proyectopv.org Página Principal

   Recibe tu Boletín            Vídeos             Libros, presentaciones, posts...

 
   
 
 
 
 
Búsqueda personalizada
 
 

 

La fortaleza.

La fortaleza supone vulnerabilidad; sin vulnerabilidad no se daría ni la posibilidad de fortaleza. Ser fuerte es, en el fondo, estar dispuesto a morir; el acto supremo de la fortaleza, aquel en el que encuentra su plenitud, es el martirio. La disposición para el martirio es la raíz esencial de la fortaleza cristiana. Sin esta disposición jamás se daría la fortaleza: "El hombre tiene que estar dispuesto a dejarse matar antes que negar a Cristo o pecar gravemente".

Los hombres a los que Dios mantiene la fuerza hasta el final son más bien aquellos que antes preferían escapar que no. En el sacrificio y el martirio el fuerte triunfa sólo a costa de morir.

El saber que realmente penetra en las cosas creadas va acompañado de una tristeza de abismo; insuperable tristeza de la que no hay fuerza natural alguna, ni del entendimiento ni de la voluntad, que sea capaz de librar al hombre: "bienaventurados los tristes, porque ellos serán consolados".

El temor de lo que en definitiva debe ser temido constituye uno de los fundamentos necesarios de la fortaleza.

El momento de la resistencia al mal y su tentación implica una enérgica actividad del alma, un valerosísimo acto de perseverancia en la adhesión al bien; y sólo de esta actividad de valiente corazón se nutre la energía que da arrestos al cuerpo y al alma para sufrir el ultraje de ser herido o muerto.

También entra en juego la virtud de la paciencia: paciente es no el que huye del mal, sino el que no se deja arrastrar por su presencia a un desordenado estado. Ser paciente significa no dejarse arrebatar la serenidad ni la clarividencia del alma por las heridas que se reciben mientras se hace el bien: mantiene al hombre en posesión de su alma (paciencia para ver y dejar que se desvanezca el deseo).

La confianza, que también es parte de la fortaleza, lleva consigo la esperanza que pone el hombre en sí mismo y que naturalmente supone la ayuda de Dios.

 

Actualizar menú del tema

Home