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La existencia y el plano astral.

Conviene siempre recordar que en la Existencia hay tres Aulas:

La Primera es la de la Ignorancia, y está en el plano físico.

La Segunda es la del Aprendizaje, y está en el plano astral.

Es llamada así porque la apertura de los chakras astrales revela mucho más de lo visible en el plano físico, y uno se siente más cerca de la realidad de las cosas, si bien no es más que, como queda dicho, el lugar de aprendizaje.

La Tercera es la de Sabiduría, y está en el plano mental, donde evidentemente se adquiere conocimiento todavía más real y exacto.

Por supuesto es de esperar que el amigo lector entienda que el plano astral no debe ser desdeñado por el simple hecho de que exista otro en el que la realidad y los conocimientos sean superiores. Todos los Guías y Maestros de la Sabiduría proceden de modo ordenado, bien conscientes de que el progreso a saltos no es rentable y ni siquiera conveniente.

Lo primero que se ha de tener presente y bien claro al hablar de cuestiones o enseñanzas teosóficas es que en nuestro sistema solar hay siete planos de existencia muy concretamente definidos, de forma que no pueden ser confundidos unos con otros.

Estos planos suelen ser llamados también reinos, mundos, regiones, esferas y niveles, y esto deberá ser tenido en cuenta por si en la lectura de obras teosóficas en general encontramos cualquiera de estos nombres además de o en lugar del más frecuente de "plano".

Cada uno de estos siete planos tiene sus características y su propio grado de densidad, y sus nombres son los siguientes: físico, astral, mental, búdico, nirvánico, monádico y ádico. El físico ya lo conocemos, aunque sea minimamente, los cinco últimos mencionados requieren un detallado estudio aparte, que no viene al caso. El astral, se divide en siete subplanos que se agrupan en tres clases.

Los subplanos primero, segundo y tercero forman la primera clase, y aunque ocupan el mismo espacio que los otros, son mucho menos materiales y dan la impresión de estar más alejados del mundo terrestre. Sus habitantes ya no se preocupan del mundo físico ni de sus pertenencias materiales. Por lo general se hallan profundamente ensimismados y crean su propio ambiente, que suele ser lo suficientemente objetivo para que lo perciban otras entidades astrales y también clarividentes.

Los subplanos cuarto, quinto y sexto, forman la segunda clase, y tienen por trasfondo el mundo físico.

La vida en el sexto subplano es la misma que la ordinaria vida terrestre, menos en lo referente al cuerpo físico y sus necesidades, pero al transferirse a los subplanos quinto y cuarto es cada vez menos material, apartándose progresivamente del mundo terrenal y sus intereses.

El subplano séptimo, que es el más ínfimo y grosero del plano astral, forma la tercera clase, y permanece aislado.

Su trasfondo también es nuestro mundo físico, pero de él sólo se tiene una visión falsa y parcial, porque todo lo bueno, bello y luminoso permanece invisible.

 

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