Autodisciplina madura.

La disciplina es asiduidad en una práctica o método. Sin ella pocas cosas de valor se alcanzan, pero tiene que nacer de una reflexión adecuada y se debe comprender su necesidad. La persona espiritual tiene la capacidad de asumir determinadas disciplinas sin mórbidos sentimientos del deber, sin experimentarla como una penosa carga ni proponiéndola compulsiva o coercitivamente.

Hay que huir de la disciplina extremada, pues debilita, obsesiona y no lleva a ninguna parte. Pero andar el camino espiritual no se realiza fortuita o gratuitamente. Requiere esfuerzo consciente y disciplina bien equilibrada.

 

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