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Arrojando luz sobre el camino.

 

No charles sobre el Vacío
sin saber lo que significa;
pues los que quieren agarrarlo
se pierden muy fácilmente.
Si en realidad quieres saber
la verdad sobre el Vacío,
es un espacio de niebla brillante,
inmenso e indivisible.

Es el Vacío, no la nada,
el fondo de las diez mil formas.
Si la nada contiene
las obras de la creación,
dentro del Vacío ni un grano de polvo
encuentra lugar donde alojarse.
No hay sino luz dorada allí
donde se contempla la perla mágica.

El estudioso del Tao
busca la verdad de la vida y de la muerte;
pues de otro modo en vano ansiaría
conquistar el estado inmortal.
Pero quien conoce la fuente de la vida
discierne también el sentido de la muerte,
y por eso queda libre
para vivir espontáneamente.

No hay, del primero al último,
ni morir ni nacer;
en la mente surgen diez mil falsas distinciones
de un pensamiento instantáneo.
Pero basta con saber de dónde
esos pensamientos saltan y se esfuman
para que brille la luna radiante
en el templo de la mente.

La verdad se tiende, entonces, ante ti:
no hay que pretender nada.
Por sí mismas las colinas son verdes;
por sí mismas fluyen las aguas.
Deja que tu mente día y noche
abrace este único pensamiento:
hay que cultivar el Tao
mediante el pensar donde no hay pensar.



Comentario.

Estos cuatro poemas son representativos del pleno florecimiento del misticismo taoísta. Dos de ellos combinan el misticismo con la evocación de las bellezas de la naturaleza. No es esto lo que pretenden el primero y el tercero, pero son tan importantes cada uno a su manera que sería una lástima omitirlos.

El poema de Wang Ching-yang, “Arrojando luz sobre el camino”, tiene el sabor de la poesía Ch'an (Zen); llega un momento en que las sendas del taoísta y del budista convergen naturalmente y se disipa cada vez más la diferencia entre ellos. La segunda estrofa nos advierte que es un error confundir el Vacío con la simple nada. La nada es lo opuesto a la existencia y ambas tienen su sitio en el designio de las cosas, mientras que el Vacío está más allá de ellas o, mejor, es ambas cosas vistas a la luz de un nivel superior de verdad, en el que “es” y “no es” dejan de ser conceptos con sentido.

Las estrofas 4 y 5 revelan que las distinciones surgen de nuestra propia mente; cuando no se trazan falsas distinciones, todo es como es, ni bueno ni malo, ni esto ni aquello.

El verso de la primera estrofa que hemos traducido por “se pierden muy fácilmente” tiene mucha más fuerza en el original chino, el cual evoca la angustiosa experiencia de perder de repente el dominio de la propia identidad.

La “perla mágica” de la estrofa 2 es la Verdad. El último verso de la estrofa 3 se refiere a la libertad perfecta, el sentido de ser que existe por sí mismo de que goza el sabio consumado. Los dos primeros versos de la estrofa 4, tomados quizá de un famoso clásico budista, significan que lo real ni empieza ni cesa de existir; sólo las apariencias son transitorias, confundidas con la realidad, saltan a la existencia y desaparecen. La “luna radiante”, que aparece hacia el final de esa misma estrofa, indica la experiencia mística que acompaña a la consecución del Tao. En la última estrofa, loa versos segundo, tercero v cuarto significan que, para conseguir la plena realización, no hay que hacer nada ni convertirse en nada; sólo se requiere ser lo que en realidad uno ha sido desde el principio.

 

 

 

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