Actividad física y promoción de la salud en la vejez.
 


Si los programas están bien diseñados y adaptados a la capacidad funcional, a la aptitud física y a las necesidades y limitaciones de las personas, la vejez no debe ser un factor limitante, sino más bien propiciante de la actividad física. Esto es así en el doble sentido de tener una vida activa para estar más sanos y de llevar una vida saludable que nos permite realizar actividad física.

Muchas de las diferencias personales en la capacidad funcional y en la aptitud física en la vejez dependen de la historia y de los estilos de vida previos en relación con la práctica o no de actividad física. En este sentido, un estilo de vida activo en la vejez permitirá disfrutar de los inmensos beneficios asociados a la actividad física y, así, ser una fuente de bienestar y de calidad de vida.

Si la actividad física es la adecuada, su práctica frecuente será un importante factor en la protección, mantenimiento y promoción de la salud, el bienestar y la calidad de vida en la vejez.

 

 

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