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Actividad
física aeróbica y trastornos en la edad avanzada.
Por los importantes efectos fisiológicos y psicológicos, la actividad física
de tipo aeróbico tiene importantes utilidades en la prevención, tratamiento
y rehabilitación de muchos problemas clínicos, tanto físicos como mentales,
asociados a la vejez.
A nivel cardiovascular el mayor efecto preventivo o terapéutico/rehabilitador
de la actividad física en la vejez es el relativo a los trastornos
cardiocoronarios (en los que, como es bien sabido, la inactividad física o
sedentarismo es uno de los principales factores de riesgo) y a la
rehabilitación postinfarto. Las razones de esta protección son los
importantes efectos del ejercicio sobre el sistema cardiovascular,
especialmente los referidos a la mejora general de la función cardíaca.
Otros efectos más específicamente relacionados con la protección coronaria
son la mejora en la circulación coronaria, los efectos
antiarteroescleróticos, así como las disminuciones en la presión arterial
que, además del impacto coronario, son de sumo interés en la prevención y
tratamiento de la hipertensión, trastorno muy frecuente en la vejez.
A nivel neuromuscular y del aparato locomotor, por sus importantes efectos
fisiológicos, el ejercicio físico es muy útil en la prevención, tratamiento
y rehabilitación de trastornos como disminución de masa muscular y atrofia
muscular, disminuciones en la flexibilidad, espasmos, tics y temblores,
artritis y trastornos de la movilidad, dolores articulares y problemas óseos
(como desmineralización ósea u osteoporosis).
Otro trastorno frecuentes en la vejez en los que la actividad física y
deportiva tiene una importante función preventiva, terapéutica o
rehabilitadora es el de la obesidad.
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