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¿Qué es la
Magia?
Indudablemente, no lo
que la mayor parte de la gente interpreta por tal. Existe, a este
respecto, una decepcionante y universal falta de información. Se
considera Magia a la bruja que prepara sus pócimas para curar las
enfermedades y sus filtros de amor, a la vidente que "ve"
nuestro destino, a la echadora de cartas o a la que lee en la palma de
nuestra mano. Es mago el hombre que tiene el "toque mágico",
aquel que para curar necesita solamente imponer sus manos, el
hipnotizador que adivina nuestros pensamientos con una breve pero
intensa mirada. Esta es nuestra magia cotidiana, la que hace que
muchos de nosotros nos sonriamos levemente cuando leemos en algún
periódico o revista cualquier información al respecto.
No, pasemos rápidamente
la página: la Magia no es en absoluto esto.
¿Pero dónde hay que ir
pues a buscarla? Por un lado, la mayor parte de los libros que quieren
tratar el tema lo hacen de una manera extremadamente ligera y
superficial, rozándolo apenas. Hay, además, una evidente falta de
información, a lo que se une la fragilidad de la barrera que separa
la verdadera de la falsa magia. Y, como sea que la verdadera magia es
la mayor parte de las veces esotérica, oculta y cabalística,
mientras que la falsa magia es ostentosa, cacareante y diáfana en
grado sumo, la magia que termina por conocer todo el mundo es
precisamente la que se debería repudiar y desenmascarar.
Cuando alguien habla de
magia y magos, todo el mundo se forma inmediatamente la imagen del clásico
hombre de blanca barba, vestido con amplia túnica y cucurucho de
estrellas, la varita mágica en la mano, moviéndose entre retortas
entre las renegridas piedras de un sótano u observando el cielo desde
lo alto de una antigua torre. Claro que, actualmente, la imagen magia
ha cambiado. Los magos de este siglo se rodean más bien de
impresionantes escenarios, de una aureola de pseudociencia, de una
colección de nombres rimbombantes: psico-magnetismo, bio-magnetismo,
pa-koua... Las recetas mágicas, por otro lado, aun las de las brujas
y hechiceros de estar por casa, son siempre prolijas en
condicionamientos: "Tómese la cola de un ratón gris cazado en
un viernes que no esté nublado y en el que la luna esté en cuarto
menguante..." Luego, cuando el exorcismo no da resultado, la
respuesta es rápida: algo ha fallado, es indudable que el practicante
no ha cumplido con todas las condiciones del hechizo. Porque, claro,
el cliente es siempre el neófito en estas lides...
No, la Magia es otra
cosa bien distinta. Y, aunque pueda parecer aventurado el afirmarlo
tan rotundamente, mucho más seria también.
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